¿Pueden ser los velódromos de 200 metros alternativa a los de 250?

Los años ochenta significaron un profundo cambio en el ciclismo en pista, ya que se pasó de los recintos descubiertos de 333,3 metros a los velódromos cubiertos, con una cuerda de 250 metros. Una tendencia irreversible que se materializó el pasado año, cuando la UCI categorizó reglamentariamente como velódromos de clase A exclusivamente a los que cumplían tres condiciones: cubiertos, de 250 metros y en madera, metiendo en el saco de la clase B a todos los demás. E indicando que solamente se pueden organizar grandes eventos como Mundiales o Juegos Olímpicos en los del primer grupo.

Velódromo de Aigle
Esa es la teoría, porque en la práctica ha habido muchas excepciones en los últimos años. Por ejemplo, los Mundiales juniors de 2016 y 2018 tuvieron lugar en el velódromo de la UCI en Aigle (Suiza), de una cuerda de 200 metros. Y el Europeo de 2022, en Munich, tuvo que disputarse en un velódromo portátil habilitado en uno de los pabellones de la Messe München, el recinto ferial de la capital bávara, en el cual sólo cabía uno de 200 metros

Más cercanos en el tiempo son los casos de los dos últimos Campeonatos de Francia, celebrados en Loudéac y Bourges, ambos de esa menor distancia, y lo que es más importante bastante recientes en su construcción.

Por ello nos preguntamos, ¿pueden llegar a ser este tipo de velódromos una alternativa a los ahora estándares de 250 metros?

Desde el punto de vista de la construcción, está claro que el espacio que ocupa un velódromo de 200 metros es sensiblemente menos que uno de 250 metros -de algo menos de 6.100 m2 a 8.900 m2- y ello se traduce en una importante reducción de los costes de construcción -y del propio terreno-, al ser un edificio mucho más pequeño, y que se puede cifrar en torno a un 30%. Sin embargo, el ex ciclista y técnico catalán Sergi Escobar me decía recientemente que “una vez me comentaron que el coste de la construcción se encarecía no por el tamaño, sino por el vano. Instalando unas columnas en medio -como encontramos en el futuro velódromo olímpico de Los Ángeles- el coste se reduce bastante”.

VELO Sports Center de Los Ángeles: las columnas centrales abaratan el coste
Otra diferencia fundamental la encontramos en el aspecto deportivo. La pista, al ser más corta, exige unos peraltes mucho más empinados, pasándose de los 42-44 grados del largo a los 45-47 del corto. La anchura de la misma también es ligeramente menor. Ello se traduce en una forma de correr distinta debido a las transiciones recta-curva más rápidas, con más relevos en el caso de las madison, mayor dificultad para adelantar, y obligan a reacciones más rápidas, aparte de otros gestos técnicos en pruebas como los 200 metros, cuyo lanzamiento es radicalmente distinto. “Esos peraltes tan elevados asustan a los chavales -nos dice Escobar-, que posiblemente se retraerían”, aunque el también ex corredor y técnico Carles Torrent considera lo contrario. “Los chicos se hacen a todo, y aprenderán más rápido”. ¿Peligroso? Posiblemente no, una vez que se hayan habituado, aunque los velocistas de Países Bajos renunciaron a competir en las pruebas individuales del Europeo antes referido argumentando ese riesgo.

Luca Salvadeo, junto al peralte del velódromo de Ginebra.
Son 56 grados, aunque la cuerda es de sólo 166 metros
Volviendo a la construcción, normalmente los velódromos tienen que compartir su espacio con otros deportes. En los de 250 metros, lo normal es que haya una pista de atletismo, y eso es una oportunidad para favorecer su construcción, pero también un problema para su utilización, ya que resultan poco compatibles de forma simultánea. En uno de 200 metros, no hay espacio para la pista de atletismo, pero sí se podría usar para cualquier otro de los habituales deportes de sala, que suelen plantear menos problemas a la hora de una utilización conjunta, simplemente con una red separadora.

Contestando a la pregunta planteada, a día de hoy son una perfecta alternativa a los de 250 metros a la hora de entrenar… siempre que la entidad gestora del mismo, normalmente un Ayuntamiento, considere más viable su construcción. Y en ello los factores económicos suelen pasar. A la hora de competir, pueden ser perfectamente válidos hasta para Campeonatos Nacionales y competiciones internacionales… y no creo que haya muchas candidaturas a Europeos, Mundiales, Copas del Mundo o Juegos Olímpicos que se vayan a determinar a resultas de esta construcción.

Pero nada mejor que terminar con la respuesta dada por un tercer técnico catalán, y este aún en activo, Itmar Esteban. “Si se puede elegir, uno de 250 metros; si no, el que nos den”.

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