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Historia de los Mundiales (VIII): San Sebastián repite ocho años después, aunque sólo pista, con un espectacular Anoeta ya cubierto

Apenas ocho años después, el velódromo de Anoeta volvía a recibir en 1973 las pruebas de pista de los Campeonatos del Mundo de ciclismo, en un evento que en esta ocasión se repartió entre San Sebastián, la pista, y la barcelonesa montaña de Montjuic, la carretera.

Sin embargo, Anoeta tenía poco que ver con el recinto de 1965, ya que había sido cubierto, dando como resultado un espectacular velódromo, en su momento uno de los mejores de Europa. Entre el miércoles 22 y el lunes 27 de agosto se pusieron en juego once títulos, los mismos que en años anteriores, con la excepción del olímpico 1972: seis pruebas para aficionados -velocidad, persecución individual y por equipos, kilómetro, tándem y medio fondo- tres para profesionales -velocidad, persecución y medio fondo- y dos femeninas -velocidad y persecución-.

España volvió a tener una amplia representación para los cánones de la época, con siete ciclistas: los persecucionistas Antonio Abad y Miguel Espinós -antes de pasarse a las pruebas ’stayer’ donde consechó sus mayores éxitos-, los velocistas Félix Suárez y José Javier Sansinenea y los mediofondistas Jaime Bordoy, Antonio Sagrera y Tomeu Caldentey.

Luchando por el podio hasta el final

Este último protagonizó lo mejor de la actuación española, en la prueba de aficionados, en la que mantuvo un gran duelo con Gaby Mineboo, aunque al final ambos lo terminarían pagando, con Caldentey en cuarto lugar y Mineboo con el bronce, el tercero consecutivo… antes de los cinco oros que ganaría posteriormente. Claro que quien ganó no era un desconocido, el alemán occidental Horst Gnas, que enlazaba su tercera victoria consecutiva, por delante de Rainer Podlesch, quien también conseguiría en años sucesivos dos ‘arco iris’. Bordoy también se clasificó para la final, pero no pudo terminarla, en un día en el que Anoeta registró un lleno hasta la bandera, con casi 7.000 espectadores.

En la versión profesional, triunfo del neerlandés Cees Stam, que repetiría en 1974 y en 1977, por delante de su compatriota Piet De Wit y del francés Christian Raymond. Una prueba que registró varias bajas de última hora -y de algunos favoritos- al establecerse por primera vez que el piloto de la moto y el corredor debían ser de la misma nacionalidad.

Como había sucedido en los años anteriores, Daniel Morelon fue el gran dominador de la velocidad, en el que sería su sexto y penúltimo título, en esta ocasión, batiendo en la final al soviético Anatoly Iablunowski… y siendo la ‘comidilla’ de la prensa española sobre por qué no pasaba a profesional, En esta otra categoría, el belga Robert Van Lancker repetía triunfo, imponiéndose en la final al italiano Giordano Turrini.

Otra gran estrella en Anoeta fue el británico Hugh Porter que lograba su cuarta medalla de oro en la persecución profesional, superando a dos destacados ruteros como Rene Pijnen y Ferdinand Bracke, mientras que la prueba amateur se saldaba con la victoria del noruego Knut Knudsen, que obtendría notables éxitos como contrarrelojista profesional, pero que no volvería a logar otro ‘arco iris’.

En lo que se refiere a las pruebas exclusivamente para aficionados, el polaco Janusz Kierzkowski obtenía el gran éxito de su carrera al llevarse el kilómetro, aunque venía avalado por el bronce olímpico en México y dos ‘top cinco’ en los siguientes Juegos Olímpicos. Por cierto, tanto en Múnich como en Montreal también formó parte de la cuarteta polaca.

Accidentada final

En esta disciplina, Alemania Occidental lograba el primero de sus tres títulos mundiales consecutivos y que rematarían con el oro olímpico en 1976, con Hans Lutz, Günther Schumacher y Peter Vonhof fundamentales en todos los triunfos, con el acompañamiento en Anoeta de Gunther Haritz. 

Sin embargo, en Anoeta, la victoria correspondió realmente a Gran Bretaña, ya que los alemanes arrollaron a un empleado que estaba retirando una almohadilla que se había movido... y el remedio fue peor que la enfermedad: todos ellos cayeron al suelo y no terminaron, por lo que la victoria correspondía reglamentariamente hablando a los británicos, que, sin embargo, renunciaron al título, aunque solamente Vonhof y Haritz pudieron subir al podio a recoger las medallas, ya que sus compañeros tuvieron que ser trasladados al hospital.

Finalmente, en tándem también se abría una serie, la de los checos Vladimír Vačkář y Miroslav Vymazal, que ganarían en los dos Mundiales siguientes, pero que no pudieron ratificarlo en los Juegos Olímpicos, al desaparecer la prueba del programa.

Y terminamos con las féminas, donde la estadounidense Sheila Young rompía el monopolio soviético, ya que llevaban quince triunfos consecutivos, todos desde que se instauró la prueba en 1958. La norteamericana, que había sido bronce en 1972, superaba a la checa Iva Zajíčková y a la mítica Galina Ermolaeva, ganadora de la primera edición, y que a sus 36 años lograba su decimocuarto metal.

En persecución, en cambio, no hubo sorpresas y la soviética Tamara Garkuchina lograba su quinto entorchado mundial … y aún repetiría en 1974. La acompañaron en el podio la neerlandesa Keetie van Oosten-Hage, que tomaría bastante protagonismo en años siguientes, y la mítica británica Beryl Burton, también con 36 años.

Gracias a RTVE Play podemos ver un resumen del Mundial en sus dos disciplinas (pinchar en la imagen).

Tanto las dos fotos -podio de la velocidad amateur y de Sheyla Young-, como buena parte de la información, proceden de la Memorial del Mundial 1973, publicada por el Comité Organizador.

Historia de los Mundiales (VII): Convergencia con los Juegos en 1966

Sportpaleis d'Anvers, el primer velódromo cubierto en acoger un Mundial, y durante mucho tiempo el más grande del mundo. Twitter David Guenel

Los Mundiales de 1966 en Frankfurt supusieron la entrada de la velocidad tándem -o simplemente tándem- y del kilómetro, ambas para amateurs. Ello suponía que, después de siete décadas, el programa de los Juegos Olímpicos estaba totalmente integrado en el de los Campeonatos del Mundo, aunque todavía habría algunos ‘flecos’ por resolver, como la absurda separación entre profesionales y amateurs o la ausencia de féminas en la cita olímpica, que no se resolvería hasta veinte años después.

De esta forma, los aficionados afrontarían seis pruebas -velocidad, persecución individual y por equipos, kilómetro, tándem y medio fondo- por las tres habituales de los profesionales -velocidad, persecución y medio fondo- y las dos femeninas -velocidad y persecución-. Un programa que se mantendría durante todo el periodo que analizamos hoy, hasta 1972, salvo ese último año, en Marsella. Y es que se decidió que los años olímpicos no hubiera Mundial en las disciplinas olímpicas, una norma que estuvo vigente hasta Barcelona’92.

Morelon, uno de los mejores velocistas
de todos los tiempos

En el periodo que analizamos hoy, precisamente hasta 1972, volvemos a encontrar una mayoría de sedes europeas, salvo en 1968, cuando las pruebas amateurs se disputaron en Montevideo y las profesionales y femeninas, en Roma. También hubo reparto al año siguiente, cuando Amberes se llevó la persecución y la velocidad profesional, dejando para Brno el resto de competiciones. Por cierto, en la ciudad flamenca fue la primera vez que se disputó un Mundial en una pista cubierta, algo que entonces fue una excepción y ahora es la norma general.

Daniel Morelon fue uno de los grandes protagonistas de este periodo, al ganar cinco de sus siete títulos de velocidad (1966, 1967, 1969, 1970 y 1971), mientras que en profesionales se destacaron Patrick Sercu (1967 y 1969) y Giuseppe Berghetto (1966 y 1968, tras haber ganado el año anterior, en San Sebastián). Morelon también sumaría un oro más, el inaugural en tándem, en una disciplina en la que subiría otras cuatro veces al podio en este periodo, aunque la pareja más destacada sería la de los alemanes Hans-Jürgen Geschke -el padre del actualmente profesional Simon- y Werner Otto, con dos oros (1969 y 1971) y una plata (1970).

Niels Fredbog, triple medallista olímpico en el kilómetro, con el oro en Munich’72, también brillaba en los Mundiales, que se llevaba en 1966, 1968 y 1970.

Tamara Garkuchina. Foto: Wikipedia

Entre los persecucionistas, destacar al británico Hugh Porter, triple arco iris profesional en este periodo (1968, 1970 y 1972) rematando el póker el año siguiente, al aficionado suizo Xavier Kurmann (1969 y 1970) y al colombiano Martín ‘Cochise’ Rodríguez, primer campeón sudamericano de la historia, en 1971. Por equipos, Italia, Unión Soviética y Alemania Occidental fueron las selecciones más destacadas del periodo, aunque en 1968 nos encontramos con un inédito podio -y que nunca más tendría a estas selecciones- con Argentina y la Suecia de los Petterson acompañando a los ‘azzurri’.

Nos quedan las pruebas de mediofondo donde España no pudo seguir con la triunfal trayectoria que comenzó Guillem Timoner, aunque el inolvidable Toni Cerdá lograba el bronce en Leicester’70. El neerlandés Piet de Wit (1988 y 1967) y el alemán Horst Gnas (1971 y 1972) se llevaban dos victorias en la categoría amateur en este periodo, mientras que entre los profesionales destacaron los belgas Leo Proost (1967 y 1968) y sobre todo Theo Verschueren, subcampeón en 1969 y 1970, y campeón en 1971 y 1972.

Terminamos este repaso con las pruebas femeninas. La velocidad seguiría siendo coto cerrado de las soviéticas, con Galina Tsareva como triple ganadora en 1969, 1970 y 1971, y con Galina Ermoleava volviendo a lo más alto en 1972, conquistando su sexto ‘arco iris’, nueve años después del anterior. La persecución, tras el último triunfo de Beryl Burton (1966) daba paso a una nueva etapa soviética, con Tamara Garkuchina como figura de referencia: ganadora en 1967, 1970, 1971 y 1972, pero también los dos años siguientes, a los que nos referiremos en las próximas entregas.

Y es que 1973 también tiene un interés especial como para dedicarle un capítulo específico, ya que suponía el segundo Mundial español, con regreso a San Sebastián, pero en unas condiciones muy distintas a las de 1965.

Historia de los Mundiales (VI): San Sebastián 1965, por primera vez en España, con diez ciclistas nacionales en liza y dos medallas de oro

Portada de la revista Sprint

Por primera vez en la historia, un Mundial de carretera y pista iba a tener lugar en territorio nacional, en 1965. Ya se habían disputado dos de ciclocross, en Oñate (1953) y Tolosa (1960), pero faltaba el espaldarazo en estas dos disciplinas, y Lasarte, para las pruebas de ruta que se disputaron antes, y el velódromo de San Sebastián, Anoeta, desde el 4 al 10 de septiembre fueron los escenarios de los Campeonatos de 1965. 

Y aunque muchos lo desconocen, el recien construido velódromo donostiarra era entonces un recinto descubierto, como era habitual en aquella época en los Mundiales, y no se cubrió hasta una década después, cuando fue a acoger unos nuevos Campeonatos, en 1973. Y precisamente el no estar techado supuso numerosas alteraciones en el programa a causa de la lluvia.

Un programa compuesto por las mismas nueve pruebas que en los años precedentes: velocidad y persecución para las tres categorías (profesionales, amateurs y féminas), mediofondo para las dos masculinas y la persecución por equipos para los aficionados.

Mas, en el podio donostiarra.
Foto: Patronato d'Esports Manacor

La presencia española fue bastante más amplia que lo habitual, con diez corredores pero con ninguna corredora. Y el balance no fue nada malo ya que, con dos oros, España terminaba en el tercer lugar del medallero, detrás de Italia y la Unión Soviética, gracias a sus mediofondistas. Guillem Timoner lograba su sexto y último título, tras haberse impuesto fácilmente en las eliminatorias. Los otros dos españoles tenían que acudir a las repescas, donde Pedro Gomila ganaba la suya, accediendo a la final, y José Escalas quedaba segundo y no lograba el pase. El de Felanitx tuvo una actuación más conservadora que en otras ocasiones sin atacar desde el principio, pero controlando muy bien y doblando a todos sus rivales salvo los que le acompañaron en el podio, el belga Romain Deloof y el neerlandés Jaap Oudkerk. Cuarto terminaba Gomila, conducido por el mítico Toni Mora.

Por otro, su delfín Miguel Mas se llevaba el arco iris  amateur, después de haber sido atropellado por un coche tres días antes. Como su maestro, ganaba su serie y la final, donde sacó casi una vuelta al belga Etienne Vandervieren y al menos una al resto de participantes, con el francés Alian Marechal como bronce. En dicha final no pudo estar el otro español, Faustino Vicente, sexto en su serie y tercero en la repesca.

Italia lograba sus dos títulos en profesionales: en velocidad con Giuseppe Berghetto que lograba el primero de sus tres oros, por delante del increíble Patrick Sercu, debutante tras su oro olímpico en Tokio. El bronce era para el australiano Ron Baensch por forfait del mítico italiano Antonio Maspes después de una polémica y accidentada semifinal contra el belga.

Imagen de Anoeta descubierto. Foto. Blogs Diario Vasco

Y en persecución, con Leandro Faggin que sumaba el tercero de sus cuatro títulos en una prueba que no tuvo demasiada participación, sólo doce ciclistas. El italiano había sido campeón amateur once años antes y como pro -recordemos, sobre 5.000 metros- sumaría los de 1963 y 1966, aparte del de San Sebastián. El belga Ferdinand Bracke, campeón un año antes, así como en 1969, fue su rival en la final, con el alemán Dieter Kamper completando un podio que sería idéntico el año siguiente. Faggin fue precisamente el verdugo de José María Errandonea, olímpico unos meses antes, al que dobló en cuartos de final, después de haber ganado la primera serie al danés Erik Havn, algo que no logró el otro participante español, Jaime Mateu.

Phakadze. Foto. Dutch National Archives, The Hague,
Fotocollectie Algemeen Nederlands Persbureau (ANeFo)

La otra nación triunfadora en el medallero fue la Unión Soviética. La persecución por equipos fue siempre una de sus prioridades y en 1965 sumaban su segundo título en sólo cuatro años de existencia de la prueba, con Stanislav Moskvin, Sergeï Teretschenkov, Mikhaïl Kolyuschev y Leonid Vukolov, por delante de Italia y Checoslovaquia. Por su parte, en 1965 triunfaba en velocidad por primera vez un corredor del Telón de Acero, en un dominio que sería habitual en los años 70 y 80. Se trata de Omari Longinozovitch Phakadze, de origen georgiano, y que en aquella época impresionaba por su envergadura, 1,87 y 95 kilos. Eso sí, su éxito fue puntual, derrotando en la final al italiano Giordano Turrini, con el entonces emergente Daniel Morelon completando el podio. Antonio Cañellas y José Luis Errandonea -el hermano menor de José María- no pudieron superar sus series, curiosamente de tres corredores, ni continuar en el torneo ganando sus repescas.

La persecución se fue para Países Bajos en la persona de Tiemen Gromen, ganador también en 1964 y 1966… y en 1967 ya como profesional. Una prueba caracterizada por la temprana eliminación del campeón olímpico, el checoslovaco Jiri Daler, y que también tuvo presencia española, José Pau, que no pasaba de su serie clasificatoria. Para los amantes de las curiosidades, diremos que el tiempo del vencedor en la final fue de 4:57.95, superando por casi cuatro segundos al ruso Moskvin, y que como cuarto clasificado encontramos al mítico Martín ‘Cochise’ Rodríguez.

Y terminando con las féminas, la soviética Valentina Savina repetía el triunfo de 1962 en velocidad y se consolidaba como la alternativa de la mítica Galina Ermoleava, a la que superaba en la final. Para la belga Yvonne Reynders, el tercer y último de sus títulos, esta vez imponiéndose a la germanoriental Hannelore Mattig y también como anticipo a lo que sería el dominio de la Europa del este en los años siguientes. Su tiempo, 4:06.24.

Historia de los Mundiales (V): Los primeros títulos femeninos, en 1958

Burton, con uno de sus arco iris.
Foto: Jac de Nijs / Anefo -  Dutch National Archives

El periodo de la historia de los Campeonatos del Mundo de pista que nos ocupa hoy nos lleva desde 1958 hasta 1964. Pocos años, pero muy significativos, destacando la introducción en ese primer año, en el Mundial de París, de las dos primeras pruebas femeninas, velocidad y persecución. Fueron dos ciclistas soviéticas las que inauguraron el palmarés, Galina Ermolaeva y Ludmila Kotchetova. La primera de ellas ganaría las cuatro primeras ediciones consecutivas, aparte de otra más en 1963; la segunda solamente lograría aquel título, antes de dar paso a una de las grandes persecucionistas de la historia.

Nos referimos a Beryl Burton, cinco veces ‘arco iris’ en esta disciplina, en 1959, 1960, 1962, 1963 y 1966, y que tuvo una gran rival en la belga Yvonne Reynders, ganadora en las tres ediciones en que no triunfó la británica, que también fue tres veces medallista de plata (1961, 1964 y 1968) y cuatro de bronce, en 1967, 1970, 1971 y 1973, aparte de dos veces campeona del mundo en carretera. Fue la primera ciclista en recibir la Orden del Imperio Británico, y que falleció con apenas 58 años por un problema cardiaco, que le había acompañado durante buena parte de su carrera deportiva.

La segunda nota más característica de aquellos años, con todas las ediciones disputadas en Europa y con estreno en 1960 de la República Democrática Alemana como sede, concretamente en Leipzig, fue el acercamiento entre los programas mundialista y olímpico

Sello conmemorativo del Mundial de Lepizig. Foto: Wikipedia
En concreto fue en la edición de 1962 en la que se introdujo la persecución por equipos, entonces llamada olímpica, que estaba en el programa de los Juegos desde 1908; por el contrario, en Tokio 1964 se añadía la persecución individual. La coincidencia de programas se produciría no muchos años después. Alemania Occidental y la Unión Soviética serían las selecciones más fuertes en aquellos primeros años. Por el contrario, en la individual, encontramos a grandes nombres de la carretera como triunfadores también en el velódromo, en esa categoría profesional sobre cinco kilómetros: Roger Rivière, triple triunfador entre 1957 y 1959, relevado en los dos años siguientes por el alemán Rudi Altig, tras a ver sido campeón amateur un año antes. El neerlandés Henk Nijdam también conocería el triunfo en las dos categorías, en 1961 y 1962, respectivamente.

Valentino Gasparella, Sergio Bianchetto -dos títulos cada uno como amateurs- y Sante Giardoni -con uno en cada categoría- ratificaron el dominio de Italia en la velocidad, aunque el rey era un hombre que ya habíamos presentado, Antonio Maspes, que a los títulos profesionales de 1955 y 1956 añadiría otros cinco más, de 1959 a 1962 de forma consecutiva, y en 1964.

Por último, París 1958 también trajo novedades en el mediofondo, al recuperar la prueba amateur que se dejó de disputar con ocasión de la I Guerra Mundial. El belga Romain Deloof ganaría dos de estas ediciones, y una tercera como profesional, aunque eso fue después del reinado de un Guillem Timoner que sumaba cuatro ‘arco iris’ más, en Amsterdam (1959), Leipzig (1960), Milán (1962) y París (1964), antes de rematar en San Sebastián (1965), edición que merece un capítulo especial en esta historia.

Historia de los Mundiales (IV): Llega la persecución y Guillem Timoner

Cartel de los Mundiales de 1947

Dejábamos nuestra historia de los Campeonatos del Mundo de pista en el velódromo Vigorelli de Milán en el que por culpa del inicio de la II Guerra Mundial, se frustraba la inclusiónde la persecución individual en el programa mundialista. Tuvo que ser en la primera edición de posguerra, en el mítico velódromo Oerlikon de Zurich, en 1946, cuando debutó esta disciplina, pero con una curiosa dualidad: mientras que los amateurs recorrían 4.000 metros, para los profesionales se estableció -sin saber muy bien las razones- un kilómetro más.

Fue la única novedad en este periodo que analizamos hasta 1957, ya que un año más tarde en París el programa tuvo una importante novedad con la inclusión de las pruebas femeninas y con la recuperación del mediofondo amateur, que se disputó hasta 1914… pero no se reanudó tras la I Guerra Mundial. Pero no adelantemos acontecimientos. Un periodo en el que la aparición del bloque del Telón de Acero todavía no se notaría en su dominio en las categorías de aficionados, amparados en su filosofía de no poder ser profesionales, aunque realmente fueran profesionales de Estado.

Estos doce Campeonatos del Mundo se disputaron en Europa, perdiéndose ya de forma definitiva esa presencia norteamericana que marcó los primeros años mundialistas. De hecho, se tardarían veinte años en celebrarse nuevamente fuera de Europa y treinta en volver a los Estados Unidos. 

Messina. Foto: El Sitio del Ciclismo. Jacques Burremans

No hubo tampoco ningún país nuevo como organizador que se uniera a los tradicionales y los eventos tuvieron lugar en Suiza, Francia, Países Bajos, Dinamarca, Bélgica, Italia y Alemania -ahora llamada Alemania Occidental o RFA-. Campeonatos que tuvieron lugar en una sola sede -aunque la parte de carretera se disputase en otro escenario, pero en el mismo país- y que poco a poco fueron fijándose en la segunda quincena de agosto, semana arriba, semana abajo.

Volviendo a la persecución, el primer gran especialista de la historia mundialista sería el italiano Guido Messina, ganador como aficionado en 1948 y 1953 -y dos veces bronce entre ambas-, y triple ‘arco iris’ como profesional en los años siguientes, para caer en la final en 1947 ante Roger Rivière, que le relevaría en ese ‘hat trick’. 

Claro que en ese palmarés profesional impresiona más el nombre de Fausto Coppi, con dos oros, en 1947 y 1949, con una plata intermedia. También hay que señalar al australiano Sydney Patterson, que, tras haber ganado la velocidad en 1948, se impondría en la persecución, en 1950, como amateur, y posteriormente como profesional en 1952 y 1953.

Reg Harris. Foto Wikipedia
En la velocidad, el indiscutible rey de este periodo fue Reginald 'Reg' Harris, campeón amateur en 1947, y profesional en 1949, 1950, 1951 y 1954, y al que se le puede considerar como el primer velocista 'full time', ya que su metódica preparación se realizaba fundamentalmente en el velódromo, usando solo la carretera como complemento… manteniendo tanto la posición como la forma de entrenar. 

No obstante, su reinado fue más limitado que el de su predecesor, Jef Scherens, que ganaría su último título en 1947, después de que la final de 1939 no pudiera terminarse, y sobre todo que el de su sucesor, el italiano Antonio Maspes, el hombre que da nombre al mítico Vigorelli y que ganó los dos primeros de sus siete títulos en 1956 y 1957.

Y terminamos con el mediofondo, donde se destaca el belga Adolph Verschueren, triple vencedor entre 1952 y 1954… año en el que hacía su debut Guillem -Guillermo, como se le castellanizaba en aquella época- Timoner, con una prometedora sexta plaza, que se transformaría en 1955 en la primera medalla de oro de la historia del ciclismo español. Le costaría cuatro años volver a ser campeón –aunque en Copenhague 1956 y París 1958 lograba la plata- para enganchar los títulos en Amsterdam (1959), Leipzig (1960), nuevamente Milán (1962), París (1964) y despedirse en San Sebastián (1965), convirtiéndose en el más laureado mediofondista profesional de la historia.

Historia de los Mundiales (III): Sin ningún cambio entre las dos Guerras

Cartel del Campeonado del Mundo de 1936,
ya conjunto para carretera y pista. Wikipedia

Como apuntamos en nuestro capítulo anterior, el programa de los Campeonatos del Mundo de pista se había consolidado rápidamente y tras los cinco años de parón por la I Guerra Mundial, en 1919 se volvió con ese mismo programa en el que no estaba el mediofondo amateur, sólo el profesional, y las dos versiones de la velocidad. Un programa que se mantuvo hasta 1939, cuando se introdujo como nueva prueba la persecución individual, aunque no se disputó por culpa del inicio de la Gran Guerra: era la segunda vez que un conflicto bélico cercenaba unos Mundiales de esta disciplina, en un año en que solo puedo dirimirse el título de la velocidad amateur.

Y como también decíamos en la segunda entrega de esta serie, el programa era radical e incomprensiblemente distinto al de los Juegos Olímpicos, que también se había estabilizado: en Amberes 1920 se disputaron velocidad, persecución por equipos, tándem y 50 kilómetros, aunque esta última prueba se eliminaría del programa olímpico a partir de 1928, entrando en su lugar el kilómetro contrarreloj. Se tradarían muchísimos años en homogeneizar ambos programas.

Por el contrario, la disputa del evento tanto en Norteamérica como en Europa se perdió, y todas las ediciones del periodo 1919-1939 tuvieron lugar en el Viejo Continente, concretamente en países como Alemania, Bélgica, Dinamarca, Francia, Hungría, Italia, Países Bajos y Suiza, lo que mostraba el claro declive del ciclismo en pista en Estados Unidos. De estas ediciones, destacar la del año 1922, que comenzó en Liverpool (Gran Bretaña) y terminó un mes y medio en París, por culpa de la lluvia, y en la que se impuso por primera vez el maillot arco iris a un campeón del mundo. La edición de 1926 y 1927 también tuvieron dos sedes, aunque en el mismo país: Milán y Turín para la primera, y Colonia y Eberfeld para la segunda.

Gerardin, Michard y Scherens. Twitter Louis Guenel
Reseñar también que desde 1927 se solaparon a los recién creados Mundiales de carretera, con unas fechas más o menos fijas entre agosto y septiembre, y con sedes en el mismo país, aunque a veces en ciudades bastante separadas.

Entre los grandes protagonistas de estas dos décadas, debemos destacar en la velocidad profesional, que era la más relevante, al neerlandés Piet Moeskops, con cinco títulos, el francés Lucien Michard, con cuatro oros, pero también tres platas y dos bronces, así como de dos títulos amateurs y el título olímpico en 1924, y sobre todo al belga Jef Scherens, ganador ininterrumpido entre 1932 y 1937, derrotado en 1938, y protagonista de aquella final inacabada en 1939, y que incluso después de la Guerra fue capaz de coronarse nuevamente, en 1947.

Linart. Autor desconocido, dominio público

En el campo aficionado, algunos nombres que nos sonarán entre los campeones, como el francés Louis Gerardin, los alemanes Albert Richter y Toni Merkens -campeón olímpico en 1936-, o los neerlandeses Maurice Peeters -vencedor en Amberes 1920-, Arie Van Vliet o Jef Van den Vijver, uno de los pocos biganadores de este periodo.

Tampoco hubo muchos corredores que repitieran en el mediofondo, salvo el belga Victor Linart, “a quien llamaban el Sioux por su perfil, que agachaba la cabeza para sorber aguardiente caliente por un tubo de caucho unido a un termo que llevaba debajo del jersey, y así cobraba fuerzas para el terrible arranque de velocidad de sus fines de carrera”, según relataba Ernest Hemingway en su ‘París era una fiesta’, aunque suponemos que esto sólo lo haría en las noches locas de los velódromos parisinos y no en los cuatro campeonatos que ganó (1921, 24, 26 y 27).

Historia de los Mundiales (II): Rápida consolidación del formato y del programa hasta la I Guerra Mundial, con la ICA dando paso a la UCI

No tardó mucho en consolidarse el formato de los Campeonatos del Mundo de pista, tras la celebración de la primera edición en Chicago, en especial en lo referido a la diferenciación entre amateurs y profesionales: en la segunda edición, celebrada en Amberes en 1894, no se permitió la participación de profesionales, pero un año más tarde, en Colonia, ya se establecieron pruebas diferenciadas para las dos categorías, una separación que, desgraciadamente, se mantendría hasta la unificación de Hamar… un siglo después.

Participantes en la edición de 1914, bruscamente terminada.
Wikipedia. Dominio público

El programa también se consolidaría rápidamente, y la velocidad 10 kilómetros -lo que hoy llamaríamos un scratch- se dejó de celebrar en la tercera edición, con lo que el programa se reducirá a la velocidad y al mediofondo, en esas dos versiones de profesionales y aficionados. Un programa bastante homogéneo en comparación con los Juegos Olímpicos, cuyos programas en las primeras ediciones cambiaron bastante entre edición y edición, con pruebas fundamentalmente a la distancia -especialmente en San Luis donde así fueron todas-, y sin que el Mundial recogiese hasta muchos años después dos competiciones que serían clásicas en el olimpismo: la persecución por equipos y la velocidad tándem, aunque esta disciplina se disputó -sin carácter oficial- en el Mundial de 1900, en París.

Las dos únicas incidencias en el programa mundialista se produjeron en 1912, cuando en Newark (Estados Unidos) no hubo mediofondo amateur, y sobre todo en 1914, en Copenhague: el estallido de la I Guerra Mundial propició que solamente se disputase esta prueba ya que el resto fueron canceladas al tener que regresar apresuradamente a sus países. Curiosamente la prueba no volvería al programa hasta 1958, quedando exclusivamente para profesionales.

Un tercer elemento clave de estos primeros años fue el cambio en lo referido a la federación internacional, ya que la International Cycling Association daba paso a la Unión Ciclista Internacional en 1900, creada a instancias de Francia -apoyada por Estados Unidos, Bélgica, Italia y Suiza- como protesta ante la masiva representación británica en la ICA donde cada una de sus asociaciones -Inglaterra, Irlanda, Escocia y Gales- tenía derecho a representación y voto. Este cambio no afectó en nada a la organización del Mundial.

Meredith, siete veces campeón de mediofondo.
La Vie au Grand Air. Dominio público. Wikipedia

Por lo demás, este primer periodo. que extendemos hasta la I Guerra Mundial, estuvo marcado por la ‘separación’ entre América y Europa, con dominio de los respectivos continentales según donde fuera el Mundial, aunque curiosamente Londres 1904 se saldó con tres triunfos norteamericanos sobre cuatro. Estados Unidos y Canadá, de un lado del charco, y Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Gran Bretaña, Italia, Francia y Suiza, del otro, acogieron el evento, destacando la edición de 1902, cuyas pruebas de velocidad tuvieron lugar en Roma y las de fondo en Berlín, aunque también hubo separación de sedes en otras dos ediciones, aunque en el mismo país: Leipzig las amateurs y Berlín las profesionales en 1908 con intercambio en 1913.

Entre los grandes protagonistas de estos primeros años, encontramos al británico Leonard Meredith, siete veces campeón de mediofondo amateur (1904, 1905, 1907, 1908, 1909, 1911 y 1913), y también campeón olímpico de persecución en Londres 1908, mientras que en profesionales los títulos estuvieron más repartidos, con tres para el francés Georges Parent.

En cuanto a la velocidad, mencionaremos al danés Thorvald Ellegard -que hoy en día da nombre al velódromo de Odense-, seis veces campeón profesional, en 1901, 1902, 1903, 1906, 1908 y 1911 y tres veces subcampeón, mientras que entre los amateurs destacaremos al británico William Bailey, cuatro veces (1909, 1919, 1911 y 1913) que prolongó su carrera hasta 1930, con 42 años. No obstante, lo más curioso es encontrar al mítico Major Taylor como campeón profesional en 1899.

Historia de los Mundiales (I): Todo comenzó en Chicago hace 130 años

Hace ya la friolera de casi 130 años, se celebraba en Chicago el primer Campeonato del Mundo de pista, la primera disciplina ciclista que tuvo este reconocimiento universal, más de 30 años antes que la carretera y medio siglo que el ciclocross. Fue durante los días 11 y 12 de agosto de 1893, y ya escribimos en su momento con ocasión del 127 aniversario, y ahora lo recuperamos para iniciar una serie sobre los Mundiales.

Cartel de la época del histórico bicampeón, 
vendido por 800 dólares. Dominio público
Hasta ese momento, existían competiciones de mucho nivel, con un prestigio parecido al que pueda tener un Mundial, como por ejemplo los campeonatos de la National Cyclists’ Union, el antecedente de British Cycling. Pero no fue hasta la creación de la International Cycling Association, en 1892, cuando se decidió oficializar este evento. Y para la primera edición, nada mejor que aprovechar el tirón de la Exposición Universal de Chicago, aunque ello redujo notablemente la participación de ciclistas europeos.

Tres pruebas se eligieron para ello: la velocidad 10 kilómetros -que sería lo que hoy consideraríamos un scratch-, la velocidad y la carrera de mediofondo de 100 kilómetros tras moto, que contaron con 9, 6 y 12 participantes, respectivamente.

Arthur Augustus Zimmerman, conocido como el ‘Yanqui volador’ y sin duda uno de los más grandes pistards de aquellos tiempos históricos a los que algún día dedicaremos un post especial, ganó la primera prueba por delante de sus compatriotas Julian Pye Bliss y John Johson.

Al día siguiente ‘Zimmy’ se llevaba la velocidad, sobre una milla, con los otros dos norteamericanos intercambiándose las posiciones. Incluso el de Nueva Jersey quiso probar fortuna en la prueba de medio fondo, pero terminaría abandonando; de hecho, sólo acabaron el sudafricano Laurens Smitz Meintjens y el norteamericano Emil Ulbrecht, si bien en algún palmarés éste figura como tercero, otorgándose la segunda posición al alemán Charles Albrecht. Por cierto, al ganador se le recompensaba con la medalla de oro, pero no había premios especiales para el segundo y el tercero: todos los participantes recibían una de plata.

Afortunadamente estos primeros Mundiales no contemplaron la batalla, en pleno fragor entre amateurs y profesionales, y pudieron competir juntos, aunque la división se establecería dos años más tarde y se prolongaría absurdamente durante cien años, hasta que en Hamar 1993 se producirá la unificación. Pero ya iremos contándolo.