Si el Gran Premio de Velocidad de París fue la prueba estelar del ciclismo en pista durante el siglo pasado en la capital francesa, no debemos minusvalorar los Seis Días de París, una competición muy diferente en lo referido a protagonistas, escenario y, por supuesto, público. En este caso nos estamos refiriendo al ambiente festivo-noctámbulo de una prueba que fue el eje competitivo del Vel d’Hiv.
![]() |
| André Marcot y Etienne Putzeis, segundos en los Six Jours de 1926. Wikipedia Commons |
Apenas tuvo continuidad un año a causa de la I Guerra
Mundial, pero en esos dos años desfilaron las grandes figuras del Tour de
Francia, como Louis Trousselier y Octave Lapize, pero también destacados
pistards como Emile Georget. A partir de 1921 se recuperó la prueba y sobre
todo se forjó la leyenda que tan bien recreó Ernst Hemingway y que se recoge
en ‘París era una fiesta’, o en la curiosa biografía de Georges Berretrot, ‘Minuit,
l’heure des primes’, sobre la que tengo pendiente escribir algo. Un ambiente
irrepetible, enlazado con los cabarets parisinos… pero no al alcance de
cualquiera: entrar era a veces imposible por estar el aforo completo, lo que
conllevaba numerosos incidentes. Incluso en el cine también vivió la magia
del Vel d’Hiv, con películas como ‘La Ronde infernale’, de 1928, que recreaba
perfectamente el ambiente de este escenario, o ‘L'Inconnue des Six Jours’,
que no llegó a estrenarse por problemas de derechos.
![]() |
| Un libro de 1984, pero aún posible de conseguir |
La prueba revivió con fuerza tras el segundo conflicto bélico
mundial, a pesar de la Rafle du Vél' d'Hiv ensombreció la historia de
recinto. Por allí desfilarían los mejores pistards europeos como el belga
Achiel Bruneel ganó en 1947, 1949, 1952 y 1953, o el neerlandés Gerrit Schulte,
compañero suyo estos dos últimos años, tras haberse impuesto en 1948 y 1950. Hugo
Koblet, Fausto Coppi, Jacques Anquetil o Roger Rivière se dejaron ver en esos
últimos años. Y es que el Vel d’Hiv estaba tan envejecido y deteriorado que
se optó por su demolición, no sin antes vivir una última veleda, con la
participación de Salvador Dali en el que se hizo explotar un decorado con la
Torre Eiffel. Fue el 12 de mayo de 1959. Y con el Vel’Hiver, París
también perdió sus Seis Días, ya que no tenía ningún escenario similar para
acoger este tipo de pruebas.
En 1984 se intentó recuperar la prueba parisina, aunque
no fuese en un velódromo tradicional sino en el Omnisport París-Bercy con una
pista portátil. Pero los tiempos no eran los mismos. Por allí desfilaron
figuras de la pista y la carretera como Gert Frank, Rene Pijnen, Danny Clark,
Anthony Doyle, Etienne De Wilde, Francesco Moser, Charlie Mottet, Bernard
Vallet o Laurent Fignon. Pero lo que falló fue el público. Por ello no se
celebraría la edición de 1987, y terminaría definitivamente dos años más tarde.



















