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¿Qué se me había perdido en Pordenone y qué me he encontrado? (1)

Alguno os preguntareis qué se me había perdido este fin de semana pasado en Pordenone, donde estuve viendo el desenlace de las 3Sere, a pesar de haber una única pareja española, aunque con protagonismo hasta el final, y el desarrollo completo Campeonato de Europa de mediofondo y derny, en este caso sin participación nacional.

Foto de familia terminado el Europeo de los campeones con los 'Amici della pista' y los amigos de la UEC

Pero la vida está llena de decisiones inesperadas y en este caso, debida a laa incongruencias que tiene la UCI. Mi idea era acudir este mes de agosto al Mundial junior de Heusden-Zolder, a seguir a las futuras estrellas del ciclismo en pista, aprovechando la cercanía del escenario. Pero las draconianas condiciones para ejercer como periodista multimedia en un evento UCI, sobre las que no tardaré mucho en escribir, me quitaron las ganas rápidamente.

Entre las alternativas, nada mejor que seguir un evento en el que nunca había estado, de dos disciplinas muy diferentes a las que estamos habituados a seguir, al menos en España. De hecho, jamás había visto en directo una prueba de mediofondo, tan sólo una exhibición en el entonces Palma Arena mallorquín ya hace muchos años. Y eso que nuestro país, en concreto Mallorca, es historia viva de esta disciplina, con los Timoner, Caldentey, Mas, Cerdá y compañía. ¡¡¡Pero hace tantísimo tiempo!!!

El logotipo 3x2 se ve claramente en el maillot de los campeones
Dado que en 2027 estas dos disciplinas estarán en el programa del Europeo absoluto, el mes de febrero en Berlín, nada mejor que aprender un poco siguiendo en vivo una carrera. Y si es en el ámbito de la UEC, un organismo completamente diferente en cuanto a facilidades informativas, mejor que mejor (y si además, el viaje te sale tirado, y la estancia bastante asequible, miel sobre hojuelas).

Ya puestos, nada mejor que llegar con antelación para vivir el desenlace de las 3Sere, aunque el plan completo de haber puesto la guinda viajando hasta Fiorenzuola para ver el inicio de la otra gran competición veraniega no pudo plasmarse. Ni que decir que la acogida de los Amici della Pista fue perfecta, con todo mi agradecimiento a Sonia y a Bruno (Battistella), especialmente. Y no pude evitar preguntar el porqué de mantener el nombre, cuando la duración es ya de Seis Días. “Por mantener la antigüedad de la prueba, y la tradición. Y no tener que cambiar tampoco la imagen”, nos contesta el presidente Battistella. De hecho, con un x2 junto al logotipo se arregla fácilmente.

Entre Kuboki e Imamura... y la pasión por el keirin

También le pregunté al presidente de los ‘Amici’ si no les preocupa el hecho de que la UCI vaya a dejar sin puntos -otra decisión incomprensible- a las pruebas de Seis Días a partir de 2028. “Mientras que los corredores quieran venir, no nos plantearemos cambios”.

Otro motivo de satisfacción fue poner cara a muchos ciclistas con los que he tenido un contacto virtual más o menos estrecho gracias a TrackPiste. Caso de Yoeri Havik, que no esperaba hacer mucho en la prueba tras derny pensando en un desenlace intenso de las 3Sere… y al que no le vino nada mal el descanso del sábado para emplearse a tope el domingo y conseguir el título. O de Filip Prokopyszyn, que este año no quiso embarcarse en la aventura del mediofondo, apostando -y con éxito- por las dernys. O a Danielle Fiorin, estandarte de una familia que tendrá pronto su protagonismo en TrackPiste… aunque ahora sea su hijo Matteo el llamado a llenar muchas páginas. Incluso también fue agradable echar una buena parrafada con Dino Salvoldi -a este sí le conocía desde hace más de veinte años- uno de los artífices de esa rinascita italiana. “No os creáis que tenemos tanto dinero”.

Claro que, si hubo un momento especialmente emotivo fue cuando me vieron los japoneses Shunsuke Imamura y Kazushige Kuboki con mi camiseta de keirin, y vinieron como dos niños pequeños a hacerse una foto conmigo al término de la sesión. Ya sabéis que el ciclismo nipón es otra de mis debilidades y tener una foto con dos campeones como ellos, casi justifica el viaje, al menos en el plano emocional.

Pero aquí veníamos a hablar de carreras tras derny y mediofondo (stayer), y eso es lo que vamos a hacer… pero ya mañana, para no extendernos.

Recuerdo especial del Nacional de hace 28 años también en Valencia

Después de dos años celebrándose en el mallorquín escenario de Son Moix, el Campeonato de España de pista del año 1998 regresaba al Velódromo Lluis Puig, en un evento que tiene un recuerdo especial para mi ya que era la primera vez que iba a cubrir esta disciplina en directo, aunque no menos que el de 1999, que supuso mi debut como ‘speaker’.

Llaneras y Alzamora, en 1997

Por ello, y sin dejarme llevar por nostalgias que a nada conducen, he querido compartir con vosotros algunos detalles interesantes de aquel Nacional, que se celebró casi en las mismas fechas que el actual, de viernes 31 de julio a domingo 2 de agosto, aunque con un programa mucho más reducido, ya que por aquel entonces sólo se disputaban velocidad, persecución, puntuación para los dos sexos y los 500 metros/kilómetro, y la llamada entonces americana, el keirin, y las dos pruebas por equipos, a las que se le añadía la coletilla de olímpica, para los hombres. Y algunas de ellas instauradas muy pocos años antes.

Habría que esperar hasta 2002 para ver el scratch y el keirin femenino en el programa; hasta 2009 para integrar la velocidad y la persecución por equipos -con sus fórmulas iniciales de dos o tres ciclistas- y hasta 2016 para vivir la primera madison de mujeres o 2020 para tener el programa actual y paritario con la inclusión de la eliminación.

Y hablando de inclusión, no debemos olvidar que en aquella época se integraban las pruebas de tándem, con doce duplas masculinas y cuatro femeninas, en un programa que se completaba con los cadetes. Por cierto, recuerdo que la primera sesión se dilató en exceso y que acabamos cerca de la medianoche.

Y continuando con los protagonistas, destacar que se vivió el entonces habitual duelo del kilómetro entre José Antonio Escuredo y José Manuel Moreno… quienes volverán a estar en el Lluis Puig casi treinta años después, e incluso el catalán como corredor, aunque solamente en la velocidad por equipos. También por aquella época comenzaban a despuntar Diego Ortega -que tuvo una efímera presencia en la élite aunque aquel año fue medallista de bronce continental-, Salvador Meliá, José Antonio Villanueva o el recientemente fallecido David Cabrero. Para los curiosos decir que Escuredo se llevaba el kilómetro y el keirin, y Moreno, la velocidad

Ruano se proclamaba unas semanas después
campeona del mundo en Burdeos

Entre los fondistas, los vigentes campeones del mundo de americana, Joan Llaneras y Miquel Alzamora, recuperado éste de un grave accidente unos meses antes cuando corría el Cinturón de Mallorca, que fueron primero y segundo en la puntuación, pero no tomaron parte en la madison en la que la victoria fue para los catalanes Isaac Gálvez y Xavi Florencio. Por cierto, en aquellos años el de Porreres aún competía como persecucionista y con buenos resultados, ya que se proclamaría campeón de España por delante del también balear Toni Tauler, y de Rubén Plaza, que derrotaba en la final B a un Sergi Escobar que comenzaba a descollar. Como anécdota diremos que el tiempo del vencedor fue de 4:34.458… que a ver cuántos lo superan este viernes.

En el apartado de féminas, la pujante Gema Pascual no participó por lesión, dejando el protagonismo a una Dori Ruano que se llevó persecución y puntuación, con la siempre efectiva Rosa Bravo, que ganaba la velocidad y los 500 metros sin ser una especialista.

En total fueron 50 corredores y 13 corredoras los que estuvieron en aquellas fechas en el Lluis Puig, entre los que encontramos también a otras personas que han tenido o siguen teniendo bastante protagonismo en los velódromos como Carlos Castaño, Carles Torrent o Raúl Mena, de Federaciones como Andalucía -cuando era una potencia de la pista-, Baleares, Castilla-León, Cataluña, Madrid o Euskadi.


PD: Desgraciadamente no conservo imágenes de aquel evento, ya que las digitales tardarían algunos años en ser una democrática realidad.

Valencia no verá este año el ‘regreso’ de Escuredo, Meliá y Villanueva

Medallistas de bronce en el Mundial de Manchester 2000 y de plata en Melbourne 2004, José Antonio Escuredo, Salvador Meliá y José Antonio Villanueva formaron el mejor trío de velocidad español de la historia, uno de los mejores del mundo de su época… y parece ser que aún no han escrito su última palabra, aunque no será en el Campeonato de España de Valencia como se venía hablando en los últimos meses en lo que era un secreto a voces en el mundillo ciclista.

Y es que el catalán -56 años-, el valenciano -49- y el madrileño -47- se plantearon hace casi un año competir juntos de nuevo en el próximo Nacional. “Aparte de la gracia de juntarnos, en mi caso quería ver de lo que soy capaz de rendir, después de los problemas de rodilla que tuve -comenta Escuredo-. Pero nos adelantaron las fechas del Nacional casi un mes y medio y comenzamos a ver que íbamos a ir muy justos”.

En el podio de Melbourne... hace 22 años. Foto RM
Y la clave para tomar la decisión definitiva llegó el pasado fin de semana, cuando se reunieron en Valencia. “Cada uno habíamos estado entrenando por nuestra cuenta, pero teníamos que ver cómo estábamos. Me hubiera gustado habernos juntado antes, pero no pudo ser. Y ahora, a un mes de los Campeonatos no estamos como equipo como quisiéramos. Y aquí no hay milagros”.

El catalán reconoce que el reto era complicado. “Cuando corríamos, era solamente entrenar. Pero ahora te requiere entrenar, atender a la familia y seguir trabajando. En mi caso ha sido a costa de sacrificar la hora de la comida, hacerme cien kilómetros para irme a Barcelona y entrenar. Pero tienes que seguir haciendo el resto de tus obligaciones. Y por supuesto, la edad que también influye, aunque no es una cuestión de que no lleguemos, es simplemente que nos ha faltado tiempo para alcanzar el nivel mínimo. No tenemos que demostrar nada a nadie, ni tener que salir a ganar el Campeonato por obligación, pero si competir con un mínimo de dignidad. Y si hubiéramos salido, y lo hubiésemos hecho mal, posiblemente me hubiera quedado bastante fastidiado. Al menos en mi caso”. Eso sí, comparando los tiempos realizados con los de otros ciclistas catalanes con los que ha coincidido en Horta, “sé que voy por el buen camino”.

A día de hoy, Escuredo no sabe si el ‘regreso’ se producirá en 2027. “Depende de cada uno de nosotros, de lo que pueda dedicarle, sabiendo que cada uno tiene otras obligaciones, como te decía antes. Lo que sí que es cierto es que yo quiero hacer algo más. No sé el que, pero después del esfuerzo que he realizado, tengo ganas de competir. Hacer una prueba individual como el keirin en el Campeonato es algo que no me había planteado porque requeriría un esfuerzo y un sacrificio aún mayor. ¿El Mundial master? Puede ser otra alternativa, pero a día de hoy no sé qué hacer”.

Y es que, conociéndole, está claro que volveremos a verle en el velódromo, a pesar de su edad. “Siempre he dicho que para mí siempre fue un trauma empezar tan tarde a correr como velocista -en sus primeros años corría y entrenaba como si fuera un fondista- y que tengo un déficit y quiero recuperar ese tiempo perdido”, nos dice sonriendo, y no descarta que “si me salen los resultados, pueda picar a mis compañeros”, ya riendo abiertamente.

Velódromos de París (IX): La bohemia de los Seis Días en el Vel d'Hiv

Si el Gran Premio de Velocidad de París fue la prueba estelar del ciclismo en pista durante el siglo pasado en la capital francesa, no debemos minusvalorar los Seis Días de París, una competición muy diferente en lo referido a protagonistas, escenario y, por supuesto, público. En este caso nos estamos refiriendo al ambiente festivo-noctámbulo de una prueba que fue el eje competitivo del Vel d’Hiv.

André Marcot y Etienne Putzeis, segundos
en los Six Jours de 1926. Wikipedia Commons

Fue el 13 de enero de 1913 cuando se creo la prueba, a iniciativa de Floyd MacFarland, corredor estadounidense pero también promotor, en una época en la que el epicentro de esta disciplina estaba al otro lado del Atlántico.  Y aunque hubo otra prueba de seis días anterior en Francia, concretamente en Toulouse, en 1906… ni siquiera duró tres jornadas por falta de interés. Precisamente tuvo como ganador al australiano Alfred Goullet, junto al estadounidense Joe Fogler, una de las grandes estrellas de los Seis Días de Nueva York.

Apenas tuvo continuidad un año a causa de la I Guerra Mundial, pero en esos dos años desfilaron las grandes figuras del Tour de Francia, como Louis Trousselier y Octave Lapize, pero también destacados pistards como Emile Georget. A partir de 1921 se recuperó la prueba y sobre todo se forjó la leyenda que tan bien recreó Ernst Hemingway y que se recoge en ‘París era una fiesta’, o en la curiosa biografía de Georges Berretrot, ‘Minuit, l’heure des primes’, sobre la que tengo pendiente escribir algo. Un ambiente irrepetible, enlazado con los cabarets parisinos… pero no al alcance de cualquiera: entrar era a veces imposible por estar el aforo completo, lo que conllevaba numerosos incidentes. Incluso en el cine también vivió la magia del Vel d’Hiv, con películas como ‘La Ronde infernale’, de 1928, que recreaba perfectamente el ambiente de este escenario, o ‘L'Inconnue des Six Jours’, que no llegó a estrenarse por problemas de derechos.

Un libro de 1984, pero aún posible de conseguir

Deportivamente fue el momento del suizo Oscar Egg (ganador en 1921, 1923 y 1925) o del belga Émile Aerts (vencedor en 1922, 1924 y 1927), sin olvidarnos de los franceses Maurice Archambaud, Charles Pélissier y Roger Lapébie.

La prueba revivió con fuerza tras el segundo conflicto bélico mundial, a pesar de la Rafle du Vél' d'Hiv ensombreció la historia de recinto. Por allí desfilarían los mejores pistards europeos como el belga Achiel Bruneel ganó en 1947, 1949, 1952 y 1953, o el neerlandés Gerrit Schulte, compañero suyo estos dos últimos años, tras haberse impuesto en 1948 y 1950. Hugo Koblet, Fausto Coppi, Jacques Anquetil o Roger Rivière se dejaron ver en esos últimos años. Y es que el Vel d’Hiv estaba tan envejecido y deteriorado que se optó por su demolición, no sin antes vivir una última veleda, con la participación de Salvador Dali en el que se hizo explotar un decorado con la Torre Eiffel. Fue el 12 de mayo de 1959. Y con el Vel’Hiver, París también perdió sus Seis Días, ya que no tenía ningún escenario similar para acoger este tipo de pruebas.

En 1984 se intentó recuperar la prueba parisina, aunque no fuese en un velódromo tradicional sino en el Omnisport París-Bercy con una pista portátil. Pero los tiempos no eran los mismos. Por allí desfilaron figuras de la pista y la carretera como Gert Frank, Rene Pijnen, Danny Clark, Anthony Doyle, Etienne De Wilde, Francesco Moser, Charlie Mottet, Bernard Vallet o Laurent Fignon. Pero lo que falló fue el público. Por ello no se celebraría la edición de 1987, y terminaría definitivamente dos años más tarde.

Pere Gomila, la gloria efímera del bronce en el podio del Mundial 1959

El pasado sábado, cuando escribí el post dedicado a Tomeu Caldentey por su 75 cumpleaños, un lector habitual me recordó que había otro español que subió al podio de un Mundial. Un dato que desconocía, ya que en el palmarés oficial de la UCI no se refleja. En concreto, Pere Josep -o Pedro José en esa castellanización obligada de la época- Gomila Moranta, que quedó tercero en el Campeonato del Mundo de 1959, en Amsterdam, el segundo de los ganados por Guillem Timoner, y el primero en el que intervenía este corredor de Binissalem, que recientemente cumplió 91 años, nacido el 31 de enero de 1935, perteneciente a una familia muy conocida en Mallorca por su vinculación con el ciclismo, Ciclos Gomila.

Foto tomada de 'El Velodrom de Tirador',
el excelente  libro de Manuel Garcia Gargallo.

La referencia aparecía en el notable ‘Tierra de campeones’ de Miquel Vidal. Allí se contaba que Gomila quedó tercero, y así subió al podio, pero que tuvo que devolver la medalla de bronce un mes más tarde por una reclamación del neerlandés Cook, alegando que se vio perjudicado por no haberse neutralizado la prueba una vuelta por la caída de otro corredor.

Por ello, decidí buscar más información en los medios de la época, concretamente en la Hemeroteca del Mundo Deportivo, la mejor con diferencia, medio que contró con un enviado especial en Amsterdam, el inolvidable Juan Plans. Y en efecto, Gomila subió al podio, pero la reclamación de su rival -llamado Norbert Koch y no Cook- fue atendida en pocos minutos, aunque le permitiese al mallorquín esa gloria efímera de estar en el tercer cajón.

Más curiosa es la crónica de aquella carrera, en la que el gran Timoner sorprendió a todos rodando a un ritmo no tan fuerte como el que acostumbraba, por lo que los rivales atacaron una y otra vez para dejarle atrás… hasta que el de Felanitx los vio maduros, dejó esta faceta calculadora para imponer su ley y todos sus rivales fueron cayendo poco a poco, logrando el oro. Entre esos rivales estaba Gomila, uno de los primeros que se ‘cayó en la trampa’, y del que Plans recoge las palabras de George Wambst, el ‘capo’ del mediofondo en aquellos tiempos: “Con todas las fuerzas que ha malgastado, podría ser dos veces campeón del mundo”. Igualmente pesó, según la crónica, el haber corrido tras un piloto con poco nivel -un tal Van Roey- y haber tenido que afrontar dos series clasificatorias para llegar a la final.

En aquellos momentos se le auguraba un gran futuro, como el antagonista de Timoner, aunque su palmarés nunca llegara a acercarsele, con cuatro títulos nacionales como lo más destacable. De hecho, incluso tuvo que retirarse entre 1962 y 1963 por un problema cardiaco, aunque reapareció un año más tarde y en 1965 volvía a disputar un Mundial y rozaba el podio, con la cuarta plaza en San Sebastián. Su carrera finalizaría en 1966, tras un tiempo compatibilizando los velódromos y la carretera.

Kiriltsev no fue original en su carrera a pie en Hong Kong: veinte años antes, Mazkiarán acabó corriendo en Manchester para ganar el bronce

El sprint que se hizo corriendo a pie Nikita Kiriltsev en una de las repescas del keirin ha sido uno de los temas más comentados de la reciente Copa del Mundo de Hong Kong. En una caída en la que se vieron implicados todos los corredores de la serie menos el ganador, el ruso supo que, si se levantaba y cruzaba la línea de llegada antes que sus rivales, obtendría el pase a la siguiente ronda. Y así lo hizo… y quedó viralizado por las fotos y los vídeos de su sprint. 

Unas imagenes que recuerdan el triunfal sprint de Mazkiarán. Fotos Román Mendoza

Pero hace casi veinte años, en 2007, otro corredor hizo lo mismo… obteniendo como premio no la clasificación a la siguiente ronda, sino la medalla de bronce del keirin de la Copa del Mundo de Manchester, el navarro Hodei Mazkiarán. Solamente que por aquel entonces apenas había cámaras digitales y mucho menos redes sociales para difundirlo. 

Y es que una caída en la que se vieron afectados cuatro de los seis finalistas hizo que el navarro acabara en el suelo con un fuerte golpe en el hombro derecho y heridas en toda esa parte de su cuerpo. “¿Puedes levantarte? Sí. Pues corre, que el bronce es tuyo”, fue el diálogo entre el corredor y el seleccionador, por aquel entonces Salvador Cabeza de Vaca, quien recordó que el mítico Jens Fiedler hacía hecho lo mismo en el Mundial de Amberes 2021 levantándose tras una caída colectiva para hacerse con el tercer puesto. 

Ya habían cruzado Shane Perkins y Qi Tang, y el navarro con la bicicleta destrozada y sujetándose el casco con una mano no le fueran a descalificar por entrar sin él, fue el tercero en pasar la meta, aunque incluso en algún momento se pensó en la plata por una posible descalificación del australiano. Cruzada la línea, cumplido el objetivo, se derrumbó sobre la pista y terminó de ser atendido por el médico de la selección, Pasqual Casañ. Eso sí, había el temor de una lesión mayor, una posible fisura del acromio clavicular, que afortunadamente luego no se confirmaría, tras la realización de unas placas. 

Independientemente de la forma que logró el bronce, el podio fue totalmente merecido para Mazkiarán, que realizó un gran concurso en Manchester.

Lawrence, paraíso estadounidense del ciclismo en pista… sobre hierba

Hace algún tiempo, presentamos en TrackPiste las ‘grass track’, las carreras que se celebran en velódromos de hierba, que sirven como promoción para futuros pistards… o simplemente para divertimento de sus participantes. Y aunque Gran Bretaña es el país que posee el calendario más amplio, la pista más famosa del mundo se encuentra en Estados Unidos, concretamente en Kansas, en Lawrence.

Allí en Norteamérica este tipo de carreras fueron muy populares en los años veinte del siglo pasado, y cualquier localidad rural que organizase un festival solía programar una prueba de este tipo. Una iniciativa que se fue perdiendo, aunque en el año 2009, según se cuenta en Velonews, dos ciclistas locales, Bill Anderson y Mark, construyeron una pista junto al río Kansas… que duró poco más de un año hasta que se inundó. Un año más tarde, la pista definitiva fue marcada en una pradera virgen, junto a la popular Farmers' Turnpike, la carretera de los agricultores, al noroeste de Lawrence, gracias a una cesión gratuita por otro ciclista y propietario de la finca, Steve Schwada.

De esta forma, se convertía en la única pista permanente -lo normal es que no lo sean, tampoco en Gran Bretaña-, y la única certificada de todo el país, con esa habitual forma de óvalo y la distancia más común la de 333,3 metros. Eso sí, lógicamente sin peraltes. Todo ello requiere una conducción especial, con ruedas más anchas y con menos presión, con una posición más atrasada para mejorar la tracción en esas curvas planas. Y con la ‘dificultad’ de tener que usar el piñón fijo.

Dos imagenes de las competiciones en Lawrence
Facebook Lawrence Grass Velodrome


El próximo 26 de mayo se abre el calendario anual de competiciones, que se extenderán cada martes hasta finales de julio, y en el que encontramos pruebas de keirin, madison de 30 minutos, vuelta lanzada, scratch, carreras de puntos, eliminación, persecución, carrera de distancia desconocida y otras pruebas menos ortodoxas en diez sesiones programadas que culminan el domingo 26 de julio con el Campeonato... aun sin nombre oficial.

No es necesario tener licencia, ni siquiera para esa última prueba como sucedía en años anteriores. Eso sí se requiere una certificación, que se puede obtener participando en las carreras complementarias que se programan. Y todo ello gratis, ya que solo en el Campeonato se cobrará una tasa de inscripción. Incluso los organizadores dan facilidades cediendo hasta diez bicicletas… por riguroso orden de llegada.

Y si alguno duda de la utilidad de estas competiciones, simplemente recordar que el ex recordman mundial y arco iris Ashton Lambie dio el salto a los velódromos desde Lawrence.

Velódromos de París (VIII): Gran Premio de velocidad, casi un Mundial

La historia de los velódromos de París que hemos ido publicando en semanas anteriores no se entendería sin la celebración de dos grandes competiciones que fueron protagonistas de la pista francesa durante casi un siglo. Por un lado, el Gran Premio de París, una competición que en su momento fue considerada casi tan importante como el Campeonato del Mundo, y que se disputó en La Cipale desde 1894; por otro, los Seis Días de París, epicentro de la actividad en el Vel d’Hiv.

Albert Guillaume - Fuente desconocida. Wikipedia 

Gracias, nuevamente, a la magnífica obra de Pascal Sergent ‘Le temps des vélodromes’, hemos podido conocer muchos detalles del Gran Premio de París, una idea que fue lanzada por Gustave Viterbo, secretario de la Asociación de Prensa Ciclista, que convenció al Ayuntamiento de París de financiar esta prueba, cuyos beneficios se destinaban a los más desfavorecidos de la capital.

En aquella época en la que este tipo de reuniones congregaban un gran interés por parte de los pistards y del público, y considerando las excelentes condiciones del velódromo del Bois de Vincennes para este tipo de pruebas, el Gran Premio de París se convirtió en la más importante entre las muchas de este estilo que había por Europa o América. Desde 1899 se disputó en las dos versiones en las que estaba dividido el ciclismo en pista, amateur y profesional, en un palmarés en el que encontramos al danés Thorvald Ellegaard, a los franceses Lucien Michard y Émile Friol, al británico William Bailey, al belga Jeff Scherens, a los alemanes Toni Merkens y Albert Richter, al neerlandés Arie van Vliet, al también británico Reginald Harris, al australiano Russell Mockridge, al suizo Oscar Plattner, o a los italianos Antonio Maspes y Giuseppe Berghetto, antes de dar paso en los sesenta y los setenta a los grandes ídolos galos Pierre Trentin y Daniel Morelon.

Ese éxito local fue el culmen de la popularidad del Gran Premio, ya que en los años siguientes -y con la prueba ya convertida en open- el dominio absoluto de los alemanes orientales Michael Hübner, Lutz Heßlich o Bill Huck retrajo al público y conllevó al final de la prueba, en 1993, a falta de un año para que hubiera cumplido en centenario. La presencia desde 1982 de una prueba femenina, con Félicia Ballanger o Tanya Dubnicoff como ganadoras, no fue tampoco un aliciente para su supervivencia. Los tiempos habían cambiado y ello se notó también en los Seis Días, con los que terminaremos esta serie.

Velódromos de París (VII): Bercy e INSEP, modernos pero ya históricos

Palais Omnisports de Paris-Bercy, ahora ACCOR Arena
Flickr Jan Zubíček / Wikipedia Commons

Terminamos esta serie de velódromos parisinos con dos recintos mucho más modernos, pero también vinculados a la historia del ciclismo en pista en París desde dos perspectivas muy diferentes: el espectáculo de los seis días y el aprendizaje. Y con la suficiente importancia como para poderlos incluir entre los más ‘clásicos’

El Palais Omnisports de Paris-Bercy, actualmente conocido por su nombre ‘comercial’ de ACCOR Arena, merece su inclusión por haber sido el escenario de los Seis Días de París, entre 1984 y 1989, recuperando la esencia de la prueba clásica francesa que se disputó entre 1913 y 1958 en el Vel d’Hiv. Una pista portátil fue escenario de la competición, hasta que pasó como en otros muchos lugares: la falta de demanda propició su desaparición.

Se trata del típico recinto multiusos, apto tanto para eventos deportivos como musicales y culturales, pero con la posibilidad de adaptarse a cualquier tipo de actividad, aunque lo más característico sea su exterior, con sus paredes exteriores recubiertas de césped en pendiente, en una estructura piramidal. Construido en 1984, se encuentra en la margen derecha del río Sena, a la altura de la Biblioteca Nacional, que está en la izquierda, y ha contribuido mucho a dinamizar la zona.

Velodrome INSEP. Twitter
Y no muy lejos de allí, en el bosque de Vincennes, encontramos el INSEP, el Instituto Nacional del Deporte, la Experiencia y el Rendimiento, creado en 1960, aunque su velódromo se inauguró en 1979. Una pista modesta, de apenas 167 metros de cuerda, pero suficiente para los entrenamientos y la formación de la que sería la mejor generación de velocistas francesas de la historia. Eso sí, desde la construcción del Velodróme National deSaint-Quentin-en-Yvelines la pasada década, los pistards galos han dejado de lado esta modesta pero utilísima instalación.

Jakoba Bernedo, un árbitro vasco en Filipinas, en el Campeonato Asiático: “Ni en mis mejores sueños hubiera pensado aprender tanto”

Segundo por la izquierda, agachado, con sus compañeros de curso y el director del mismo,
Wayne Pomario en el centro de la fila superior. WeChat. China Assocation

El recién finalizado Campeonato Asiático de Tagaytay (Filipinas) también tuvo representación española. Concretamente en la persona Jakoba Bernedo, un colegiado vasco que asistió antes al Curso Nacional Élite celebrado en aquel país y posteriormente ejerció como comisario en este evento.

Destacado pistard a finales de los ochenta y principios de los noventa, estuvo en la preselección de la cuarteta española para Barcelona’92, sin ser seleccionado finalmente entre los olímpicos. Retirado como corredor, estuvo alejado del ciclismo por sus quehaceres laborales, aunque hace algunos años comenzó a ejercer como árbitro, donde pronto se notó su experiencia en pista como un elemento fundamental para su desempeño.

“Dejé el ciclismo en 1991 y por entonces batimos el récord de España en la Olímpica, que era como se llamaba entonces a la persecución por equipos, con un tiempo de 4:16. Imagínate lo que ha cambiado. Los tiempos, la tecnología, pero lo que no ha cambiado es la estrategia y la forma de correr en las pruebas de grupo. Cierto que se va más deprisa, pero leer la carrera hay que hacerlo igual que antes”, nos cuenta sobre su adaptación a su nuevo rol.

Una carrera arbitral que tenía su próximo paso en “presentarme al curso nacional elite de carretera y pista a finales de este año en Madrid, entendiendo que sería así. Pero tras la reunión de enero no se estableció nada, así que miré a la UCI a ver qué tenía”.

Como bandera. Foto: Philcycling
Y había un curso, precisamente al que ahora ha asistido, aunque fuese en las lejanas Filipinas. “Hablé con Miguel Echezortu, él con María González -presidenta del Comité Técnico de Árbitros- y luego yo con María, quien me ayudó a tramitar la solicitud a la UCI, a finales de enero. La UCI me contestó rápido que, por su parte, no había objeción, pero que era la ACC -la Conferencia Asiática- quien tenía que dar su aprobación. En esas dos semanas me comieron los nervios porque tenía un mes para prepararme, organizar el viaje, el aspecto laboral... El curso era para los asiáticos y si había plazas vacantes me metían. Y así fue al final”.

Del curso salió muy satisfecho. “Ha sido muy bueno, impresionante. Fueron cuatro días y medio de curso, una tarde para el examen de pruebas y situaciones reales, donde nos pusieron de todo. Al día siguiente, por la mañana, un examen de aspectos regulatorios, paracicismo y antidoping, y por la tarde, el oral que eran cuatro preguntas de situaciones y un video en el que había que explicar la decisión que se tomaba”.

Pero, además, la asistencia al curso conllevaba la presencia en el Jurado Técnico del Campeonato Asiático. “No sé si la UCI no lo sabía o no me lo dijo en un primer momento, pero vino de rebote. La ACC, con buen criterio, quiso que, además de hacer el curso, los alumnos tuvieran una práctica real. Por ello nos informaron que nos daban la posibilidad de quedarnos si queríamos y yo dije que sí, claro”.

Siguiendo la prueba de keirin en la curva 1
Durante el Campeonato, ha ocupado principalmente el puesto de cuentavueltas. “Pidieron voluntario para los tres días más complejos en ese puesto y el único que levantó la mano fui yo. Luego he estado en la curva 1 y en otros puestos como bandera de contrameta o asistente del Juez Árbitro”. Una rotación de puestos con lo que se pretende aprender en las diferentes funciones y que en el caso del vasco resume con un “ni en mis mejores sueños hubiera pensado estar tan a gusto y aprender tanto como lo estoy haciendo”.

Por lo demás, la experiencia no ha tenido mucha contrapartida turística. “Después del curso, cenábamos, pero nos quedábamos a repasar y comentar detalles de lo estudiado. Y solo tras el examen nos fuimos con un mini autobús a un sitio turístico donde se puede ver el cráter del volcán Taal, que está en Tagaytay”. Pero lo mejor es que he podido convivir con culturas totalmente diferentes a las nuestra. Porque no sólo hay filipinos, sino que hay árbitros de Pakistán, dos de Nepal, dos de Malasia, un taiwanés, tres chinos y tres filipinos, y una coreana que ha venido sólo al Campeonato. Un choque de culturas tremendo, pero muy enriquecedor”.

Velódromos de París (VI): Vaugirard, la modestia de una pista de barrio

Fotos: Agencia Rol / BNF

No está muy claro si es Gran Bretaña, Francia o Estados Unidos la nación que tiene un mayor protagonismo en el arranque del ciclismo, en general, y de su versión en pista, en particular, en los años finales del siglo XIX. Sin embargo, sí es evidente que hay una capital mundial, París, que a finales de 1893 contaba con 23 velódromos en la ciudad y su periferia, según cuenta Pascal Sergent en su magnífica obra ‘Le temps des vélodromes’No hemos localizado tantos, aunque sí los suficientes para escribir esta serie en homenaje a los primeros años del ciclismo en pista, y a París.

Nos adelantamos unos años en nuestra historia, concretamente al periodo de Entreguerras que es cuando se construyó el Vélodrome de Vaugirard, también conocido históricamente como el Vélodrome Pierre-Benoist. No nos consta una fecha exacta, aunque hay referencias de que se levantó en 1919. Un recinto muy diferente a la majestuosidad de sus coetáneos, La Cipale, Parc des Princes o Vel d’Hiv, cada uno con sus propias características.

Pero este velódromo de hormigón, aunque más modesto, también tenía su propia personalidad, que podría definirse como un velódromo de barrio, eso sí, con notable actividad en lo que se refiere a competiciones ciclistas.

Esta pista se encontraba en pleno corazón del distrito XV de París, el más populoso de la capital gala, situado específicamente en la rue Olivier-de-Serres del barrio de Vaugirard, a poca distancia del val d’Hiv. Y precisamente ese carácter urbano le daba sus características, totalmente encajonado entre los bloques residenciales aledaños.

Hay constancia de que hubo competiciones hasta la misma II Guerra Mundial, pero no hay referencias de su actividad en los años siguientes. Lo cierto es que, dada su ubicación, no sobrevivió a la presión inmobiliaria y terminaría siendo demolido, para dar paso a la Escuela Nacional Superior de Artes Aplicadas y Oficios de Arte (ENSAAMA), inaugurada en 1969.

Velódromos de París (V): Vel d’Hiv, el único recinto cubierto de París, marcado por su bohemia y la redada de los judíos parisinos en 1942

No está muy claro si es Gran Bretaña, Francia o Estados Unidos la nación que tiene un mayor protagonismo en el arranque del ciclismo, en general, y de su versión en pista, en particular, en los años finales del siglo XIX. Sin embargo, sí es evidente que hay una capital mundial, París, que a finales de 1893 contaba con 23 velódromos en la ciudad y su periferia, según cuenta Pascal Sergent en su magnífica obra ‘Le temps des vélodromes’No hemos localizado tantos, aunque sí los suficientes para escribir esta serie en homenaje a los primeros años del ciclismo en pista, y a París.

En esta ocasión recuperamos la historia del Velódrome d’Hiver o simplemente Vel d’Hiv, el único velódromo cubierto con que contó la capital parisina, excepción hecha del INSEP o las eventuales competiciones en el palacio de París-Bercy, hasta la reciente construcción del de Saint Quentin-en-Yvelines –que en realidad no está en el mismo París, sino en una de las localidades de su periferia-. Una historia que ya fue publicada en TrackPiste hace unos años, cuando me terminé el libro sobre la historia de dicho recinto, escrito por Liliane Grunwald y Claude Cattaert, y por cumplirse en aquellos días el aniversario de la más desgraciada de sus muchas historias, la llamada ‘Raffle del Vel d’Hiv’.

En realidad no hubo uno, sino dos Vel d’Hiv. El primero fue simplemente el acondicionamiento de la Galerie des Machines, uno de los pabellones de la Exposición Universal de 1889, que había quedado abandonado pero en pie. Herni Desgrange –si, si, el padre del Tour de Francia y el primer recordman oficial de la hora- le preguntó al arquitecto Gaston Lambert si podía acondicionarlo como velódromo, a lo que le respondió que podría crear una pista en su interior de 333 metros y 8 de ancho. Y lo hizo en menos de un mes.

El 'Patin d'Or' con el que se imauguró. Rol Agency/Wikipedia
Inaugurado el 20 de diciembre de 1903, apenas duró siete años, ya que se decidió la demolición del edificio debido a que –en pocas palabras- era un mamotreto poco estético que tapaba la vista de la Torre Eiffel. Desgrange decidió encargar un nuevo velódromo, muy cerca de allí, en la manzana del Boulevard Grenelle y la rue Nelaton –junto a la estación de metro de Bir Hakeim-, que sería también edificado por Lambert dejando algo lo más parecido a lo que entendemos ahora por un Palacio de Deportes, con un aforo de 17.000 personas en gradas de ladrillo y cemento, aunque sin apenas comodidades, totalmente ‘atascados’ en algunas zonas y en otras –las zonas con entradas más baratas- sin casi visibilidad. Un velódromo ya de 250 metros que tardó algunos meses en inaugurarse a causa de inundaciones en el Senay que se abrió el 13 de febrero de 2010, con una competición de patinaje, el ‘Patin d’Or’.

En ‘Vel d’Hiv’ nos cuentan los numerosos usos de este velódromo, comenzando por los Seis Días de París, que tuvo hasta 36 ediciones en este recinto, la primera en 1913 y la última en 1958 en la que se impuso un trío de lujo, con Jacques Anquetil, André Darrigade y el italiano Ferdinando Terruzzi.

En sus primeros años Foto: Bibliothèque nationale de France (DP).
Los organizadores George Berretot, Jeff Dickinson –que renovó y modernizó- el interior del recinto en 1931- o Hubert Grunwald o las reinas de los Seis Días, no simples bellezas sino elegidas entre algunas de las grandes artistas de la época y con verdaderos ‘piques’ entre ellas por obtener la nominación, fueron protagonistas en aquel recinto en el que se congregaba, sobre todo en los años de entreguerras, todo el ‘bello Paris’, toda la bohemia, muchas veces simplemente para dejarse ver antes de acudir a los cabarets.

Y en el recinto, deportes como boxeo, catch, tenis, baloncesto, patinaje o hockey, aparte de ciclismo, claro está, pero también algunos espectáculos insólitos –o por lo menos desconocidos en aquellos años en Europa- como una ‘Caza de fierras’ con leones, que acabó en desastre en todos los sentidos, rodeos, que tuvieron que disputarse según el estricto sistema norteamericano por la presión de los sindicatos, competiciones de hípica, ‘Holiday on Ice’, circos de todo tipo o las ‘Nuits de l’Armée’, un espectáculo de tipo festivo-militar, que ahora nos resultaría bastante estrambótico.

También estuvo presente el ‘Vel d’Hiv’ en los Juegos Olímpicos de París 1924, aunque no acogió el ciclismo en pista, que en aquella época era más digno de un velódromo al aire libre como ‘La Cipale’, sino de boxeo, lucha o levantamiento de peso.

La raffle. X David Guénel
Los días más tristes de su historia -aparte de aquellos finales de su vida, y en los que Salvador Dali también tuvo su dosis de protagonismo- fueron el 16 y 17 de julio de 1942 cuando más de 8.000 judíos parisinos fueron detenidos y confinados en el velódromo durante cinco días, sin comida ni bebida, antes de ser trasladados al campo de exterminio de Auschwitz. Un acto por el que Francia no pidió perdón hasta 1995, con una declaración del presidente Jacques Chirac, asumiendo la responsabilidad gala, precisamente en el aniversario de la masacre, sobre la cual se han escrito numerosos libros y se han realizado bastantes películas, entre las que os recomendaría ‘La raffle’, La redada.

Si tenéis ganas de conocer más sobre lo que significó el ‘Vel d’Hiv’, deciros que la obra de Grunwald y Cattaert está disponible en formato e-book, eso sí, en francés, pero que algunos grandes escritores dedicaron páginas a este recinto histórico como Ernest Hemingway, habitual espectador de los Seis Días y otros eventos, en ‘Paris era una fiesta’, sobre sus recuerdos cuando vivió en la capital gala, entre 1921 y 1926.

Velódromos de París (IV): La alternativa del Parque de los Príncipes, sede de nueve Mundiales, llegada habitual del Tour y al final futbolero

Primer Parque de los Principes con su asimetría. Par Maurice-Louis Branger/Wikipedia

No está muy claro si es Gran Bretaña, Francia o Estados Unidos la nación que tiene un mayor protagonismo en el arranque del ciclismo, en general, y de su versión en pista, en particular, en los años finales del siglo XIX. Sin embargo, sí es evidente que hay una capital mundial, París, que a finales de 1893 contaba con 23 velódromos en la ciudad y su periferia, según cuenta Pascal Sergent en su magnífica obra ‘Le temps des vélodromes’No hemos localizado tantos, aunque sí los suficientes para escribir esta serie en homenaje a los primeros años del ciclismo en pista, y a París.

Escribíamos en nuestro anterior capítulo, referido al velódromo municipal del Bois de Vincennes, conocido por su aféresis de ‘La Cipale’, que sus peraltes no eran lo suficientemente empinados para permitir altas velocidades en las pruebas tras moto. Sin embargo, ello no fue mayor problema en París, ya que el 18 de julio de 1897 se inauguraba un nuevo velódromo en el ‘Parc des Princes’, en el otro extremo de la ciudad, en Auteuil, al sur del Bois de Boulogne. Con una impresionante cuerda de 666 metros y una construcción asimétrica -que es más fácil de comprobar en la imagen adjunta que explicar en palabras-, era apto para todo tipo de competiciones, e incluso fue el escenario del primer Mundial en territorio francés, en el año 1900, primero organizado por la recién creada Unión Ciclista Internacional.

Llegada del Tour en 1912. Autor desconocido Agence Rol/Wkipedia

Un evento que se repetiría en ocho ocasiones más: 1907, 1922 -aunque sólo el desenlace, ya que la lluvia de Liverpool obligó a su suspensión y traslado-, 1924, 1933, 1947, 1952, 1958 -primera vez con pruebas femeninas- y 1964. Por el contrario, las dos ediciones de los Juegos Olímpicos celebrados en París durante la existencia de este recinto tuvieron sus competiciones de ciclismo en pista en Vincennes, sin albergar tampoco ninguna otra modalidad olímpica.

En este caso nos encontramos con una sociedad privada como constructora del mismo, en la que estaba implicada el periódico L’Auto, y el inefable Henri Desgrange, aunque fuese por una concesión municipal. Por ello, no es de extrañar que fuese el escenario habitual de la llegada del Tour de Francia hasta su desaparición, en 1967, pero también de la mítica Burdeos-París.

La importancia de este recinto también se plasma en su aforo, que pasó de 4.000 en el momento de su inauguración a más de 25.000, habida cuenta de que deportes como el fútbol o el rugby también lo utilizaban como escenario, siendo la primera sede oficial para las selecciones francesas de estos dos deportesEn 1932 fue profundamente remodelado, ya con una construcción más ‘simétrica’, y su cuerda se redujo a 454 metros, aumentando su capacidad hasta los 45.000 espectadores, que se redujeron a 40.000 por motivos de seguridad. 

Vista del segundo Parque de los Prínciples, en la llegada del Tour de 1932
Autor desconocido BNF/Wikipedia

Poco a poco, el fútbol comenzó a ser el deporte preferente en el Parque de los Príncipes, siendo casi el único oficial a partir de los años sesenta, aunque con otras modalidades deportivas como el boxeo. Por ello, se decidió demolerlo y construir un nuevo recinto, ya sin pista ciclista, que quedó inaugurado el 4 de junio de 1972.

Por lo demás, dentro de este curioso mundo de los velódromos parisinos, mientras que el Velodrome d’Hiver representaba la bohemia y la fiesta y La Cipale era el más ‘deportivo’, el Parque de los Príncipes era la aristocracia, la elegancia parisina, la élite ciclista, con Vaugirard, como el velódromo del barrio.

Los sonidos de la pista, en el SpeedDome, un original vídeo del WAIS

Los aficionados a la pista tenemos interiorizados una buena selección de sonidos ligados a las distintas acciones que se desarrollan en un velódromo. Por ello, hay que agradecer que se haya realizado un vídeo -creo que por primera vez, aunque ya lo habían hecho sobre otros deportes- que recoja buena parte de estos sonidos tan familiares.

Ha sido una iniciativa del WAIS -Instituto del Deporte de Australia Occidental- con ocasión de varias sesiones de entrenamiento en el SpeedDome de Perth, escenario de la primera manga de la Copa del Mundo.

Así debe ser el comportamiento de los pistards en los entrenamientos

Un momento de los entrenamientos del pasado Europeo

No deja de ser curioso que, cuando aún quedan casi dos semanas para el inicio de la Copa del Mundo de pista, el único comunicado oficial publicado se refiera al comportamiento de los corredores -y en menor medida de los técnicos- en los entrenamientos oficiales. Todo ello en aras de la seguridad de los corredores, dentro de esa política genérica de la UCI en todas las disciplinas que, en algunos momentos, peca más de obsesiva que de lógica.

Ya hablamos antes del Mundial de Ballerup de esta ‘regulación’ en muchos aspectos no reglamentada, pero sí oficializada en los comunicados. Y por lo tanto, susceptible de sanción en caso de incumplimiento en base a ese genérico “no respetar las instrucciones de los organizadores o de los comisarios”, reflejado en los puntos 7.1 y 7.2 del artículo 3.10.008.

No hace falta recordar que los corredores deben entrenar en las sesiones establecidas para su equipo nacional y que, una vez iniciadas las competiciones, no podrán hacerlo ya si ese día no participan. Pero también se precisa ahora que deben hacerlo con la vestimenta oficial de su selección.

En el rodillo, si; en la pista, no. Foto: FPC/UVP

Igualmente se recuerda que se tiene que llevar correctamente colocado el casco en todo momento, que no se pueden usar auriculares, reproductores musicales o cualquier tipo de intercomunicador, ni objetos que se puedan caer a la pista, con la única excepción de los potenciómetros o velocímetros que deben estar tapados para que los corredores no puedan leer los datos.

En cuanto a las normas que afectan a los corredores se añade la prohibición de los chalecos de frío o similares en la pista, así como la prohibición de beber o comer en la pista, sentarse en la misma o en la zona de seguridad o dejar la bicicleta apoyada en la zona de seguridad o en la rampa o escalera que dan acceso a la pista. Ni que decir tiene que la bicicleta de carretera no se puede usar en estas zonas.

Y como escribimos entonces, el uso de la derny o de bloques de salida pertenece a un pasado remoto. Tan sólo se autorizan las salidas desde parado, individuales o colectivas, en la recta de meta siempre que haya un técnico con una bandera en la curva cuatro advirtiendo de esta circunstancia. Y, por supuesto, con autorización previa del Delegado Técnico UCI o de los comisarios.

Y hablando de técnicos, terminamos con la ubicación de los técnicos exclusivamente en la recta de meta -nunca en contrameta- y coordinados entre ellos para un “uso seguro y eficiente de la pista”.

Pequeñas curiosidades en los prolegómenos del Europeo de Konya

Aunque algunas veces hemos hablado de los premios de un Mundial, creo que nunca habíamos hecho mención a los relativos a los Campeonatos de Europa, que siguen la línea de igualdad para hombres y mujeres en lo referido a sus montantes, que no se han incrementado en los últimos años… y que tampoco sacarán de pobres a nadie.

670 euros, el premio por ganar un oro individual

En concreto estamos hablando de 670 euros por ganar una prueba individual (335 por la plata y 180 por el bronce), sin diferencias entre pruebas olímpicas y no olímpicas; 885 euros por equipos en el caso de la velocidad y la madison (450 y 335 por los otros metales) y 1.180, 580 y 300 euros por los tres escalones de la persecución por equipos.

Es uno de los aspectos que se recoge en la Guía Técnica de los Campeonatos, un documento al que siempre es interesante echar un vistazo ya que se pueden descubrir pequeños detalles que, reglamentarios o no, tienen bastante interés para todos los seguidores de esta modalidad.

Otro tema interesante en los últimos años es la reserva de puestos de grabación de vídeo para los analistas de rendimiento. Unas posiciones que en esta ocasión se han habilitado en la recta de contrameta, y que suelen estar bastante limitadas: en esta ocasión son solamente quince que se adjudicarán por riguroso orden de reserva por mail. Eso sí, en este caso serán gratuitas, cuando el año pasado en Heusden-Zolder tuvieron un coste de 175 euros por toma, o de 100 en la pasada Copa de las Naciones en este mismo escenario. Y normalmente no pueden funcionar por redes propias, por el peligro de interferencias con otros equipamientos.

Por último, cada vez es más frecuente -y creo que ya irreversible- el establecimiento de horarios para cada selección para realizar las operaciones previas al Campeonato… aunque creo que muchas de estas actuaciones son innecesarias debido a la existencia de medios telemáticos. Así, por ejemplo, en lo relativo a la confirmación de participantes -que incluye también la presentación de licencias, la inspección de la vestimenta y la facilitación de los datos del hotel donde se aloja el equipo- en este Campeonato se han establecido seis franjas de quince minutos cada una, entre las 11:00 y las 12:45 del sábado, reservadas cada una para un grupo entre cuatro y seis selecciones. Por ello aplaudo que por primera vez se permita que esta preinscripción se haya realizado de forma remota desde el miércoles hasta el momento del cierre de las inscripciones… aunque no evite la presencia física.

Y en cuanto a la revisión del material, también hay hasta seis franjas de una hora para ello durante el sábado, con posibilidad de hacerlo también el domingo e incluso en los días de competición para corredores que viajen más tarde, en este caso de acuerdo con los dos comisarios de material encargados de esta labor.

Kelsey Mitchell también será olímpica de invierno tras el oro de Tokio

Instagram KM

Kelsey Mitchell ha conseguido su objetivo de ser seleccionada para los inminentes Juegos Olímpicos de invierno, como integrante de uno de los tres bobsleigh femeninos canadienses que estarán en Milán-Cortina 2026.

La campeona olímpica de velocidad en Tokio 2020, y presente también en París 2024, se planteó hace un año su deseo de unirse a la lista de deportistas canadienses que han representado a su país en los Juegos Olímpicos de Invierno y Verano.  En principio probó, sin mucho éxito, con el patinaje, para pasarse en otoño al bobsleigh, donde ha conseguido finalmente su objetivo.

De los trece deportistas canadienses que lo han hecho, cinco eran bobsledders, y sólo Clara Hughes, fue capaz de ganar medallas en ambos eventos, como ciclista y patinadora.