Velódromos de París (IX): La bohemia de los Seis Días en el Vel d'Hiv

Si el Gran Premio de Velocidad de París fue la prueba estelar del ciclismo en pista durante el siglo pasado en la capital francesa, no debemos minusvalorar los Seis Días de París, una competición muy diferente en lo referido a protagonistas, escenario y, por supuesto, público. En este caso nos estamos refiriendo al ambiente festivo-noctámbulo de una prueba que fue el eje competitivo del Vel d’Hiv.

André Marcot y Etienne Putzeis, segundos
en los Six Jours de 1926. Wikipedia Commons

Fue el 13 de enero de 1913 cuando se creo la prueba, a iniciativa de Floyd MacFarland, corredor estadounidense pero también promotor, en una época en la que el epicentro de esta disciplina estaba al otro lado del Atlántico.  Y aunque hubo otra prueba de seis días anterior en Francia, concretamente en Toulouse, en 1906… ni siquiera duró tres jornadas por falta de interés. Precisamente tuvo como ganador al australiano Alfred Goullet, junto al estadounidense Joe Fogler, una de las grandes estrellas de los Seis Días de Nueva York.

Apenas tuvo continuidad un año a causa de la I Guerra Mundial, pero en esos dos años desfilaron las grandes figuras del Tour de Francia, como Louis Trousselier y Octave Lapize, pero también destacados pistards como Emile Georget. A partir de 1921 se recuperó la prueba y sobre todo se forjó la leyenda que tan bien recreó Ernst Hemingway y que se recoge en ‘París era una fiesta’, o en la curiosa biografía de Georges Berretrot, ‘Minuit, l’heure des primes’, sobre la que tengo pendiente escribir algo. Un ambiente irrepetible, enlazado con los cabarets parisinos… pero no al alcance de cualquiera: entrar era a veces imposible por estar el aforo completo, lo que conllevaba numerosos incidentes. Incluso en el cine también vivió la magia del Vel d’Hiv, con películas como ‘La Ronde infernale’, de 1928, que recreaba perfectamente el ambiente de este escenario, o ‘L'Inconnue des Six Jours’, que no llegó a estrenarse por problemas de derechos.

Un libro de 1984, pero aún posible de conseguir

Deportivamente fue el momento del suizo Oscar Egg (ganador en 1921, 1923 y 1925) o del belga Émile Aerts (vencedor en 1922, 1924 y 1927), sin olvidarnos de los franceses Maurice Archambaud, Charles Pélissier y Roger Lapébie.

La prueba revivió con fuerza tras el segundo conflicto bélico mundial, a pesar de la Rafle du Vél' d'Hiv ensombreció la historia de recinto. Por allí desfilarían los mejores pistards europeos como el belga Achiel Bruneel ganó en 1947, 1949, 1952 y 1953, o el neerlandés Gerrit Schulte, compañero suyo estos dos últimos años, tras haberse impuesto en 1948 y 1950. Hugo Koblet, Fausto Coppi, Jacques Anquetil o Roger Rivière se dejaron ver en esos últimos años. Y es que el Vel d’Hiv estaba tan envejecido y deteriorado que se optó por su demolición, no sin antes vivir una última veleda, con la participación de Salvador Dali en el que se hizo explotar un decorado con la Torre Eiffel. Fue el 12 de mayo de 1959. Y con el Vel’Hiver, París también perdió sus Seis Días, ya que no tenía ningún escenario similar para acoger este tipo de pruebas.

En 1984 se intentó recuperar la prueba parisina, aunque no fuese en un velódromo tradicional sino en el Omnisport París-Bercy con una pista portátil. Pero los tiempos no eran los mismos. Por allí desfilaron figuras de la pista y la carretera como Gert Frank, Rene Pijnen, Danny Clark, Anthony Doyle, Etienne De Wilde, Francesco Moser, Charlie Mottet, Bernard Vallet o Laurent Fignon. Pero lo que falló fue el público. Por ello no se celebraría la edición de 1987, y terminaría definitivamente dos años más tarde.

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