No
está muy claro si es Gran Bretaña, Francia o Estados Unidos la nación
que tiene un mayor protagonismo en el arranque del ciclismo, en
general, y de su versión en pista, en particular, en los años finales del siglo
XIX. Sin embargo, sí es evidente que hay una capital mundial, París,
que a finales de 1893 contaba con 23 velódromos en la ciudad y su
periferia, según cuenta Pascal Sergent en su magnífica obra ‘Le temps des vélodromes’. No hemos localizado tantos, aunque
sí los suficientes para escribir esta serie en homenaje a los primeros años del
ciclismo en pista, y a París.
Escribíamos
en nuestro anterior capítulo, referido al velódromo municipal del Bois de Vincennes, conocido por su aféresis
de ‘La Cipale’, que sus peraltes no eran lo suficientemente empinados para
permitir altas velocidades en las pruebas tras moto. Sin embargo, ello no
fue mayor problema en París, ya que el 18 de julio de 1997 se inauguraba un
nuevo velódromo en el ‘Parc des Princes’, en el otro extremo de la ciudad, en
Auteuil, al sur del Bois de Boulogne. Con una impresionante cuerda de 666
metros y una construcción asimétrica -que es más fácil de comprobar en la
imagen adjunta que explicar en palabras-, era apto para todo tipo de
competiciones, e incluso fue el escenario del primer Mundial en territorio
francés, en el año 1900, primero organizado por la recién creada Unión Ciclista
Internacional.
Un
evento que se repetiría en ocho ocasiones más: 1907, 1922 -aunque sólo el desenlace, ya que la lluvia
de Liverpool obligó a su suspensión y traslado-, 1924, 1933, 1947, 1952, 1958
-primera vez con pruebas femeninas- y 1964. Por el contrario, las dos
ediciones de los Juegos Olímpicos celebrados en París durante la existencia de
este recinto tuvieron sus competiciones de ciclismo en pista en Vincennes,
sin albergar tampoco ninguna otra modalidad olímpica.
En
este caso nos encontramos con una sociedad privada como constructora del mismo,
en la que estaba implicada el periódico L’Auto, y el inefable Henri Desgrange,
aunque fuese por una concesión municipal. Por ello, no es de extrañar que
fuese el escenario habitual de la llegada del Tour de Francia hasta su
desaparición, en 1967, pero también de la mítica Burdeos-París.
La
importancia de este recinto también se plasma en su aforo, que pasó de 4.000
en el momento de su inauguración a más de 25.000, habida cuenta de que
deportes como el fútbol o el rugby también lo utilizaban como escenario, siendo
la primera sede oficial para las selecciones francesas de estos dos deportes. En 1932 fue profundamente remodelado, ya con una construcción más ‘simétrica’, y su cuerda se redujo a 454 metros, aumentando su capacidad hasta los 45.000 espectadores, que se redujeron a 40.000 por motivos de seguridad.
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Vista del segundo Parque de los Prínciples, en la llegada del Tour de 1932 Autor desconocido BNF/Wikipedia
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Poco
a poco, el fútbol comenzó a ser el deporte preferente en el Parque de los Príncipes,
siendo casi el único oficial a partir de los años sesenta, aunque con otras
modalidades deportivas como el boxeo. Por ello, se decidió demolerlo y
construir un nuevo recinto, ya sin pista ciclista, que quedó inaugurado el 4 de
junio de 1972.
Por
lo demás, dentro de este curioso mundo de los velódromos parisinos, mientras
que el Velodrome d’Hiver representaba la bohemia y la fiesta y La
Cipale era el más ‘deportivo’, el Parque de los Príncipes era la aristocracia,
la elegancia parisina, la élite ciclista, con Vaugirard, como el velódromo del barrio.
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