El pasado sábado, cuando escribí el post dedicado a Tomeu Caldentey por su 75 cumpleaños, un lector habitual me recordó que había otro español que subió al podio de un Mundial. Un dato que desconocía, ya que en el palmarés oficial de la UCI no se refleja. En concreto, Pere Josep -o Pedro José en esa castellanización obligada de la época- Gomila Moranta, que quedó tercero en el Campeonato del Mundo de 1959, en Amsterdam, el segundo de los ganados por Guillem Timoner, y el primero en el que intervenía este corredor de Binissalem, que recientemente cumplió 91 años, nacido el 31 de enero de 1935, perteneciente a una familia muy conocida en Mallorca por su vinculación con el ciclismo, Ciclos Gomila.
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| Foto tomada de 'El Velodrom de Tirador', el excelente libro de Manuel Garcia Gargallo. |
Por ello, decidí buscar más información en los medios de la
época, concretamente en la Hemeroteca del Mundo Deportivo, la mejor con
diferencia, medio que contró con un enviado especial en Amsterdam, el inolvidable Juan Plans.
Y en efecto, Gomila subió al podio, pero la reclamación de su rival -llamado
Norbert Koch y no Cook- fue atendida en pocos minutos, aunque le permitiese al
mallorquín esa gloria efímera de estar en el tercer cajón.
Más curiosa es la crónica de aquella carrera, en la que el
gran Timoner sorprendió a todos rodando a un ritmo no tan fuerte como el que
acostumbraba, por lo que los rivales atacaron una y otra vez para dejarle
atrás… hasta que el de Felanitx los vio maduros, dejó esta faceta
calculadora para imponer su ley y todos sus rivales fueron cayendo poco a poco,
logrando el oro. Entre esos rivales estaba Gomila, uno de los primeros que
se ‘cayó en la trampa’, y del que Plans recoge las palabras de George Wambst, el
‘capo’ del mediofondo en aquellos tiempos: “Con todas las fuerzas que ha
malgastado, podría ser dos veces campeón del mundo”. Igualmente pesó, según
la crónica, el haber corrido tras un piloto con poco nivel -un tal Van Roey-
y haber tenido que afrontar dos series clasificatorias para llegar a la final.
En aquellos momentos se le auguraba un gran futuro, como el antagonista de Timoner, aunque su palmarés nunca llegara a acercarsele, con cuatro títulos nacionales como lo más destacable. De hecho, incluso tuvo que retirarse entre 1962 y 1963 por un problema cardiaco, aunque reapareció un año más tarde y en 1965 volvía a disputar un Mundial y rozaba el podio, con la cuarta plaza en San Sebastián. Su carrera finalizaría en 1966, tras un tiempo compatibilizando los velódromos y la carretera.

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