Historia de la pista en los Juegos Olímpicos (VIII): París repite, por la insistencia del Barón de Coubertin para mejorar la imagen de 1900

Tras unas semanas de parón por el cierre de Sports-Reference, volvemos a recordar la historia de los Juegos Olímpicos con el soporte de su web herederaOlympedia, con ese doble objetivo de reconocer la importancia que ha tenido el ciclismo de pista en la historia olímpica y recordar a esos grandes protagonistas en los velódromos.

París se convertía en 1924 -entre mayo y finales de julio- en la primera ciudad en albergar por segunda vez unos Juegos Olímpicos. Y ello se debió en gran medida a la insistencia del Barón de Coubertin que deseaba ver a su ciudad como sede de unos Juegos mejor organizados que aquellos de 1900 antes de dejar el cargo. Ello dejó por primera vez a Barcelona con las ganas de organizar unos Juegos.

A posteriori, se recordaría París 1924 como los del debut de Johnny Weismuller, antes de su eclosión en 1928 y de su salto a la fama de la mano de Tarzán, gracias al celuloide que recordaría bastantes años después una de las historias de esta edición en la película ‘Carros de Fuego’. También fue la primera edición en que se usó el lema olímpico, ‘Citius, Altius, Fortius’, así como las banderas de las naciones anfitriona y siguiente junto a la del COI; que se estableció una villa olímpica para alojar a los atletas -no para ellas, a las que se aisló para evitar tentaciones-, y que se radiaron algunas competiciones.

Y también por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos, el programa de competiciones de pista era idéntico al de la edición anterior: velocidad, persecución por equipos, tándem y 50 kilómetros. 80 participantes de 20 países se congregaron en el mismo escenario que en 1900, el velódromo de Vincennes, un recinto de 500 metros de cuerda y pista de cemento… que aún se usa en nuestros días.

Foto del sprint final de la velocidad. Wikipedia Commons
Lucien Michard sería el ganador de la velocidad, que aún se disputaba con la fórmula de tres ciclistas en liza, superando en la final al neerlandés Jaap Meijer y al francés Jean Cugnot, quien se llevaría el oro en tandem, junto a Lucien Choury, superando a los dúos de Dinamarca y Países Bajos. Muchard destacaría posteriormente ganando dos Mundiales y siendo uno de los mejores velocistas de aquellos años.

Italia volvía a reinar en la persecución por equipos, aunque con un equipo totalmente diferente al de Amberes, con Angelo De Martini, Alfredo Dinale, Aleardo Menegazzi y Francesco Zucchetti, que superaron con relativa facilidad a Polonia, mientras que Bélgica se hacía con el bronce al imponerse a Francia.

Finalmente, los 50 kilómetros estuvieron marcados por una caída inicial que involucró a uno de los grandes favoritos, el francés Choury. El neerlandés Ko Willems se impuso fácilmente en un sprint que resultó muy apretado para las dos siguientes plazas, que fueron para los británicos Cyril Alden -que ya se había quedado en ese amargo puesto en 1920- y Harry Wild.


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