La decisión de Canada Cycling de cesar su trabajo con la cuarteta femenina está muy relacionada con la reducción de plazas olímpicas

Se han vertido muchos ríos de tinta estos días en relación a la decisión de Canada Cycling de cesar su trabajo con el equipo femenino de persecución de cara a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, renunciado de entrada a acudir al Campeonato del Mundo de este año en Shanghai. Una decisión que las corredoras califican de “desgarradora e indignante”, sobre todo porque no se cuestiona para el programa masculino, aunque los resultados de ambos equipos hayan sido muy similares en los últimos tiempos, incluso mejores en determinados momentos para las féminas (en el último Mundial noveno lugar para ellas y undécimo para ellos).

Canada, en los JJOO de París. Foto: SWPix/UCITrack
No voy a incidir ni en las causas directas ni en las consecuencias de la decisión, sino en un elemento que se suele soslayar y que tiene una importancia vital: Canadá ha renunciado porque no veían "que las deficiencias fueran a subsanarse a tiempo” para los Juegos de 2028. Y es que, con la reducción de plazas para solamente ocho cuartetas, la exigencia deportiva es muy alta y hay que estar muy seguros para apostar con la clasificación, con todo el esfuerzo deportivo y económico que conlleva, mientras que si fueran diez las plazas (como en París 2024) o más, quizá si se podría pensar en realizarlo. Algunos ya se han manifiestado verbal o tácitamente esta renuncia y otros lo irán haciendo en los próximos meses, en cuanto se vea la imposibilidad del objetivo de estar en ese top-8.

Hagamos un poco de historia. En el caso de la persecución masculina, los primeros Juegos del siglo en Sydney tuvieron doce cuartetas, para bajar a diez en 2004, 2008 y 2012, a nueve en Rio 2016 y a ocho en 2020. La recuperación de diez escuadras en París 2024 fue un oasis y a costa de reducir de cinco a cuatro el número de participantes para el conjunto de las pruebas de fondo, dando lugar a algunas aberraciones que ya explicaos en su momento. En el caso de las féminas, la prueba se instauró en Londres 2012 y siempre ha contado con la misma participación que la masculina.

Contrasta también esta limitación olímpica con la ‘libertad’ que hay en los Campeonatos del Mundo, a donde se puede acudir simplemente con haber participado en el Continental correspondiente y en una manga de la Copa del Mundo. Algo que, de cara al Mundial de Shanghai, han logrado veinte naciones en el apartado masculino y dieciséis en el femenino, cifras que podrían haber sido mayores si las mangas hubieran tenido una distribución geográfica más justa.

Imagen de un relevo 4x100. PxHere

Las comparaciones son odiosas

Pero, sobre todo, las comparaciones son odiosas… en relación con otros deportes. Si nos fijamos en el atletismo, y en concreto en una prueba similar en el formato, aunque con menos importancia relativa en el contexto general del deporte, los relevos 4x100 y 4x400 tuvieron en París hasta dieciséis naciones presentes, mismas cifras que sus equivalentes en natación.

Y no vamos a hablar de la absurda e injustificable limitación a 19 participantes en los ómnium y a 14 parejas de madison, cuando en la pista 'caben', reglamentariamente hablando, 24 ciclistas y 18 duplas. Como ya he dicho más de una vez, es tan incomprensible como si las pruebas de atletismo o natación se disputasen con siete deportistas dejando una calle libre. No es exactamente el mismo tipo de recorte que tienen las persecuciones (y la velocidad por equipos, no se me olvida), pero sí igual de significativo de una política incongruente.

Es cierto que los Juegos Olímpicos tienen un problema de hiper crecimiento y saturación importante, y ya nos están avisando de que en Brisbane 2032 habrá un recorte general en relación a la ‘permisividad’ de LA28. Y que hay muchos deportes ‘jóvenes’ o modalidades locales que empujan y quieren hacerse hueco a costa de los más clásicos, que deben desvirtuar sus normas competivivas habituales. Pero también existe una alternativa en los Juegos Olímpicos de invierno, que por intereses (económicos) de las federaciones implicadas se quieren mantener como un coto cerrado de esos deportes de nueve y hielo. Un evento en el que cabrían muchas especialidades más, sobre todo cuando el cambio climático está empujando hacia otro modelo organizativo. Pero si se muestran reacias -sin fundamentos- a una ampliación con deportes verdaderamente invernales como el ciclocross o el cross atlético, cualquier otro rediseño es ilusorio.

La persecución por equipos conlleva mucho trabajo, muchos sacrificios...
y renuncias muy costosas. Foto: SWPix/UCITrack

Mientras tanto, una prueba como la persecución por equipos -la que demuestra realmente el trabajo y el potencial de un país- queda gravemente herida. Porque si no hay esperanzas olímpicas, ¿quién va a invertir durante cuatro años en acudir a pruebas en la otra esquina del mundo o en realizar un trabajo con los corredores (o corredoras) que se traduce en muchas semanas de entrenamiento y concentraciones? Y que muchas veces realizar ese trabajo supone disponer de unos ciclistas que se deben a unos contratos con sus equipos (de carretera), que los ceden de forma más o menos obligada a la planificación de su selección, a costa de dejar de competir en su calendario. Y que nadie se olvide tampoco que retomar el trabajo de cara a otro ciclo posterior tras años de abandono conlleva un sobrecoste económico (y deportivo) que en muchos casos no se puede asumir.

No nos olvidemos, por último, que hay sectores incluso dentro del ciclismo a los que no le importaría que la transferencia carretera-pista que todos queremos se haga en base solamente a pruebas más cómodas de compatibilizar, aunque sea a costa de sacrificar las persecuciones y todo lo que conllevan. 

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