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| Foto de la selección británica casi al completo. British Cycling/SwPix |
Como viene sucediendo en la
presente década, Gran Bretaña y Países Bajos han sido los dominadores en el
medallero del recién finalizado Mundial de Shanghái, aunque en esta ocasión
los británicos han quedado por encima, tanto en calidad como en calidad: doce
medallas, con seis oros, tres platas y tres bronces. Por su parte los
neerlandeses, que fueron los mejores en 2024 y 2025, sumaron en esta ocasión siete (cinco oros y una de los otros valores).
En esta ocasión los ‘oranje’
echaron en falta tanto el nivel exhibido el pasado año por Hetty van de Wouw,
como la lesión de Lorena Wiebes que la impidió haber sumado algún metal más,
mientras que sus fondistas se tomaron este Mundial en todo ‘experimento’, y apenas se dejaron ver. Pero
también es cierto que los británicos pudieron haberlo hecho aún mejor si hubieran
contado con Matthew Richardson si no hubiera sido expulsado por un
comportamiento que aún está por explicar, y que acusaron en exceso en las pruebas masculinas de velocidad.
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| Países Bajos volvió a hacer pleno en la velocidad masculina. UCITrack |
Lo mejor de Gran Bretaña es que, a
dos años vista de LA28, tiene perfectamente engrasada su maquinaria en el fondo
femenino, con tres oros de Anna Morris, perfectamente reconvertida en la
fondista que necesitaban para sustituir a la mítica Katie Archibald, y bien
complementada en la madison por la prometedora Erin Boothman. Eso sí,
insisto en que todo podría haber cambiado de estar Wiebes. En el fondo
masculino aún necesita ajustar sus mimbres y en las velocidades, contar con Richardson -aunque Lavreysen sigue siendo mucho
Lavreysen, con esos tres oros más que suma a los veinte que ya tenía-, y
que Emma Finucane recupere el instinto depredador que tuvo, por ejemplo, en
los Juegos de la Commonwealth, pero no en Shanghái, por mucho que la
velocidad femenina esté tan igualada.
Otra nación que demostró estar
preparada es Dinamarca, tercera en el medallero, con la cuarteta ratificando
su poderío a nivel mundial y la madison apabullando. Y eso que no era su
pareja más experta. También es bastante reconfortante ver el compromiso de las grandes figuras
italianas, con un Milan capaz de batir el
récord del mundo de los 4.000 metros incluso en un velódromo que no era especialmente
rápido. Y cuando terminen de construir y rodar su cuarteta, deben estar en
disposición de luchar por el oro olímpico.

Claro que la noticia más
agradable ha sido Alemania, segunda nación en número de medallas, 9 (2, 2 y 5)
y buenas perspectivas en casi todos los apartados: desde la solidez de su
trío de velocistas, la persistencia de su cuarteta femenina, la prometedora evolución
de su sprinter Hackmann, y sobre todo ese trío de lujo para el fondo, Moritz
Augenstein-Roger Kluge-Tim Torn Teutenberg. Sin olvidarnos a un Iuri Leitão que, como en París 2024, volvió a lograr oro y plata, aunque intercambiando las pruebas.
Por lo demás, hasta quince
países aparecen en el medallero, con diez de ellos logrando al menos un ‘arco
iris’ -según la tabla adjunta, ya que la oficial de la UCI sigue sin incluir
de forma tan absurda como injustificable a los atletas rusos (o AIN, usando el
eufemismo)-. Unos títulos muy repartidos, aunque se vislumbra una tendencia
que ya se apuntó en otros Campeonatos: el peso menor de las naciones extraeuropeas,
con excepción hecha de Japón, ya plenamente consolidada como potencia
internacional, y una China que sigue por ese camino, y que de momento
ya es la referencia en la velocidad femenina con Liying Yuan y sus dos oros en
las velocidades.
Sobre España ya hablaremos.
Medallero por pruebas
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