Persecución individual


Aunque la estética de ver a dos ciclistas opuestos en pista, tratando uno de alcanzar a otro, le ha valido el nombre de persecución, básicamente se trata de una contrarreloj, sobre 4.000 metros que incomprensiblemente para mujeres élite es de 3.000 metros, lo mismo que para hombres juniors, mientras que las juveniles se quedan en 2.000.

En la fase clasificatoria, dos ciclistas se sitúan en las líneas de persecución de meta y contrameta, sujetos por sendos bloques de salida, con el objeto de cubrir la distancia especificada en su categoría. Los comisarios procurarán encuadrar corredores del mismo nivel con el fin de que no se produzcan doblajes, aunque si los hubiera, ambos ciclistas deberán continuar hasta completar la distancia para acreditar su tiempo. En cualquier caso, el corredor doblado no podrá coger la estela de su adversario bajo pena de expulsión, ni ‘desdoblar’, es decir, pasar al corredor que antes le dobló.

Una luz roja (corredor de meta) y una verde (corredor de contrameta) indican el paso de cada corredor, aunque en competiciones menores, se suele usar una bandera, o incluso recurrir solo al marcador electrónico, en el que aparecerá cada media vuelta el tiempo de cada corredor y la diferencia.

Los dos mejores tiempos disputarán la final por el oro, y los dos siguientes, la del bronce. Solamente que en esta prueba se da por terminada en el momento en que uno de los dos competidores dobla al otro, es decir cuando se iguala el eje de pedalier, que es la referencia de ambas bicicletas, aunque puede producirse el hecho de que el ciclista que ha doblado decida continuar para acreditar su tiempo, como sucedió con Chloe Dygert en el Mundial de 2018 para batir el record del mundo. Un disparo de revolver indica el final de carrera, tanto si el ciclista termina su distancia como si dobla a su rival.

Si hubiera igualdad de tiempos, el corredor que ha realizado el mejor tiempo en la última vuelta será declarado vencedor.

En caso de falsa salida o si hay accidente en la primera media vuelta, el starter hará un doble disparo que indica que se para la carrera y que ambos contendientes deben tomar una nueva salida. Si el accidente es después, la carrera no pude ser parada. El ciclista afectado tomará una segunda salida, sólo o con otro corredor en la misma situación. El otro ciclista continuará para marcar su tiempo. En todos estos casos, el corredor solo se podrá beneficiar de una segunda salida.

Por el contrario, en la final no se tendrá en cuenta ningún accidente después de la primera media vuelta.

La persecución es otra de las pruebas tradicionales de los velódromos, mundialista desde 1946 en el caso de los hombres y desde 1958 en el de las mujeres- que, incomprensiblemente, desapareció del programa olímpico en 2008, aunque en su palmarés aparecen nombres míticos como Fausto Coppi, Roger Rivière, Rudi Altig, Francesco Moser, Viatcheslav Ekimov, Chris Boardman o Bradley Wiggins, sin olvidarnos de Sergi Escobar, campeón en 2004, aparte de tener una plata, dos bronces y otro podio olímpico en Atenas, así como recordman nacional (4:16.862) y diez veces campeón español en esta prueba.

Y aunque en los primeros años de perder el marchamo olímpico se registró una sensible pérdida de nivel, en los dos últimos años vive un auge sin precedentes, gracias a las marcas en altitud del sorprendente Ashton Lambie, como de la clase del italiano Filippo Ganna, cuatro veces ‘arco iris’ que estableció un registro de 4:01.994 en el último Mundial.

Entre las féminas, hay una pléyade de estrellas anglosajonas, junto a la rusa Tamara Garkucihia, como la británica Beryl Burton o las estadounidenses Rebecca Twigg, Sarah Hammer y recientemente la mencionada Dygert, ya triple ‘arco iris’ y recordwoman a sus 23 años (3:16.937)
 

Y a pesar de no ser su prueba, entre las españolas debemos destacar a Leire Olaberria, seis veces campeona nacional y recordwoman… con esa disparidad tantas veces aludida –¡de cinco segundos!- entre su mejor marca y el registro homologado y que no se daba en el caso de Escobar.

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