Velódromos en España (II): Porriño, Anadia y una ilusión gallega


En los veinte años que llevo viviendo el ciclismo en pista, jamás he tenido la ocasión de ver a una selección gallega en un Campeonato de España de pista. Es más, tendría que hacer memoria para buscar a ningún corredor que haya competido en un evento nacional de esta disciplina

“No hay cultura de pista, porque no hay pistas”, argumenta –con bastante razón, por cierto-, el presidente de la Federación Galega, Juan Carlos Muñiz, al que le gustaría revertir esta situación, como veremos, “porque somos una Federación con cerca de 8.000 licencias y 280 clubes y tenemos que pensar en ello”.

Y es que actualmente solamente existe un velódromo, el de Porriño, creado en 1993, pero en un estado bastante deficiente de conservación, con humedades y filtraciones, con esta imagen de Vitor Predeira que vale más que mil palabras. Sus dimensiones no permiten realizar competiciones y el uso se limita e los entrenamientos del club local, el Spol, de la Escola Avanza, de algún otro que pide las llaves, más para hacer algún test que para entrenar realmente. Y es que, desgraciadamente, el ‘uso’ por parte de vándalos obligó a cerrarlo y a abrirse bajo demanda.

La cercanía del velódromo portugués de Anadia, a menos de dos horas en coche, palia esta carencia de una instalación en Galicia y son numerosos los corredores profesionales o aficionados que viajan hasta allí para entrenar, aunque lógicamente no se puede pretender con este panorama establecer un programa de trabajo de ciclismo en pista que cree esa cultura a la que se refería Muñiz.

Pero Anadia, aparte de una solución, es un espejo en el que se mira la Federación Galega, no sólo por el velódromo, sino por la existencia de una residencia. Un proyecto que quiere asumir el equipo directivo actual, aunque en estos momentos no es más que una ilusión. Se han realizado contactos previos, pero es una obra importante que, lógicamente, necesita el compromiso no sólo del municipio que lo vaya acoger, sino el de la propia Xunta. En principio, lo más lógico es que fuese en una de las grandes urbes gallegas, Vigo o A Coruña, pero tampoco se puede descartar la céntrica Santiago –¿por qué no en ese proyecto megalómano pero semi abandonado de la Cidade da Cultura?-, en A Estrada, sede de la AGASP, o en alguna de las naves en desuso del recinto ferial de El Ferrol.

No deja de ser eso, una ilusión, pero los sueños a veces se hacen realidad antes que los proyectos.

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