Velódromo de Montevideo: del “pum, pum, pum” a la actividad pistard

Esta semana, los medios uruguayos se hacían eco de la decisión tomada para que el Velódromo del Parque Batlle, en Montevideo, cese en su actividad de escenario para fiestas y conciertos y recupere su “vocación deportiva, recreativa y cultural, algo que en cierta manera estaba un poco relegada”, según contaba a El Observador el director de la asesoría de Desarrollo Municipal de la IM, Claudio Visillac.

Montevideo tiene uno de los cuatro velódromos del país, junto a los de Mercedes, Tacuarembó y Paysandú, todos ellos descubiertos, de hormigón y de 333,3 metros de cuerda. Y realmente sólo el último de ellos, con una cierta actividad ciclista, aunque el pasado mes de diciembre se organizó el Campeonato Nacional de pista en el recinto de la capital.

Tres imagenes muy distintas del velódromo. 

El Velódromo Municipal de Montevideo fue inaugurado en 1938 y tuvo su punto culminante al acoger el Mundial de pista en 1968 -año en que por la coincidencia con los Juegos Olímpicos tuvo un programa más reducido. En 1998 fue bautizado con el nombre de Atilio François, en homenaje un destacado ciclista, técnico y dirigente uruguayo, aunque a nivel popular apenas se utiliza el nombre.

Sin embargo, en los últimos años, el uso deportivo ha dado paso a un escenario festivo, con conciertos al aire libre o la instalación de una carpa para fiestas, postergando la actividad ciclista. Sin embargo, los que más han protestado han sido los residentes en las zonas colindantes, y en concreto una vecina que se quejaba de estar harta del “pum pum pum", lo que fue recogido en un vídeo que se hizo viral.

Debido a las protestas, la Intendencia de Montevideo decidió limitar estas actividades, aunque el paso definitivo no se ha dado hasta los dos últimos meses, con esa reversión del uso lúdico hacia el deportivo. Visillac enfatizó que el Velódromo está en "un proceso de revitalización de su estructura interna" y que es importante revertir "esa percepción ciudadana de deterioro". Y aunque no se descarta seguir usándolo para algunos conciertos, la carpa para fiestas electrónicas se trasladará a otro punto de la ciudad.

La duda radica en que si el velódromo podrá recuperar su primacía ciclista. De momento se han sustituido algunas placas de la propia pista que estaban dañadas por el paso de camiones de montaje para los conciertos, con una inversión de un millón de pesos, unos 21.000 euros al cambio. De hecho, esta semana ya se encuentra operativo para los ciclistas, aunque todavía está por determinar el horario de uso.

No obstante, el Comité Olímpico Uruguayo tiene en mente un ambicioso proyecto de una ciudad deportiva en el entorno del Parque Batlle, que incluiría un nuevo velódromo, una piscina olímpica y un estado. Y recientemente tuvimos noticias de que la Intendencia de Durazno está trabajando para la construcción de un velódromo olímpico cubierto y de piso de madera en esta ciudad, a unos 200 kilómetros al norte de la capital.

No hay comentarios:

Publicar un comentario