Campeonato de España: un terremoto de muy baja intensidad


La nota oficial de los Campeonatos de España de pista se encabezaba con un Valencia, epicentro del ciclismo nacional este fin de semana’, un título quizá demasiado ambicioso vista la cada vez menor importancia que se da en nuestro país a la pista en relación a otras modalidades ciclistas. Y empleaba un término como epicentro, bastante manido pero efectista –reconozco que yo le he usado varias veces-, y que sobre todo me da pie a comenzar esta reflexión sobre los Nacionales celebrados este fin de semana en el Luis Puig.

Y es que el epicentro es el punto de la superficie en el que un terremoto adquiere su máxima intensidad, desplazándose desde él las ondas sísmicas. Por lo tanto, entendemos que se producirán unos efectos, un temblor, una sacudida más o menos brusca… pero en Valencia no hubo nada de eso, ya que en el ciclismo en pista español poco o nada se mueve.

Desgraciadamente fue un calco –y casi con los mismos actores y actrices- que ediciones anteriores, que a su vez repiten los escenarios de citas anteriores desde hace mucho tiempo atrás. Eso sí, de haberse producido un verdadero sismo, pocas víctimas se hubieran producido: las gradas del Luis Puig estaban tan vacías como siempre, siendo el escenario que, con diferencia, menos público capta para esta disciplina. Pero ese es otro tema.

Aunque las fechas no eran las mejores –el objetivo de nuestros mejores pistards está a un mes vista con el inicio de la Copa del Mundo-, y ello suponía que algunos llegaban aún lejos de su mejor forma, es de agradecer la máxima implicación de todos ellos. Especialmente de un Sebastián Mora que quiso dejar lo mejor de él ante sus paisanos y que provocaba la respuesta cachonda de su compañero y amigo Albert Torres: “Tendremos que volver a Palma porque Sebastián estaba muy motivado”. 

Aunque quizá el que más hizo por provocar el terremoto fue un Eloy Teruel que se resiste a ser jubilado, y que a sus 36 años se llevaba su primer Campeonato de España en puntuación, la especialidad en la que ha subido tres veces al podio –dos platas y un bronce- en los Mundiales.

Depende del proyecto

Pero la disciplina que más necesita esa sacudida, la persecución por equipos, cada vez está más mortecina. Es bastante elocuente que los cuatro mejores de la individual –un requisito no necesario, pero sí muy significativo para correr la prueba- estén descartados para la ‘cuarteta’ por diferentes razones. Y aun así un hombre como Vicente García de Mateos, tras una excelente Volta a Portugal, se presentaba en Valencia, “por hacer algo este fin de semana y porque me gusta”. 

¿Recuperables? Como me respondía un técnico, “depende del proyecto”. Y ahora mismo no lo hay. Me hubiera gustado ver como dije hace unos días a Joan Martí Bennassar o a Manolo Peñalver, incluso a Enrique Sanz o a Juanjo Lobato, ciclistas que podrían tener un hueco si el entorno ciclista general –o particular, ese proyecto al que antes se referían- fuera otro. Por cierto, Oscar Pelegrí sí apunta a esa dirección, de lo cual me alegro mucho. Y ojalá Xavi Cañellas también pueda implicarse, aunque su futuro también esté ligado a la carretera como profesional desde el próximo año. Se lo merece.

Sobre los velocistas, poco que decir. Juan Peralta sabe lo que quiere; Pepe Moreno da pequeños pasos y ojalá Alejandro Martínez recupere la prometedora senda por la que rodaba hace dos años, pero lo que importa, sus prestaciones internacionales en el equipo de velocidad, tienen un escaso protagonismo olímpico a priori. 

En todo caso, sí que hemos visto alguna ‘descarga’ en este reducido grupo con Rubén Crespo, un aragonés procedente del BMX que quiere ser velocista ‘full time’: veremos si puede lograrlo con 26 años.

Tania Calvo y Helena Casas, tanto monta, monta tanto, intercambiándose los triunfos respecto a 2017, esperando que su nueva composición de la velocidad por equipos funcione a nivel internacional para buscar una clasificación olímpica muy pero que muy complicada… y con la alavesa como protagonista de una prueba que no es la suya.

Una madison atípica

Entre las féminas, la ausencia de una selección femenina vasca sí tuvo distintas consecuencias más o menos sísmicas. Por un lado, que no se pudiera disputar la persecución por equipos por insuficiencia de equipos inscritos –sólo dos-. Eustrak sí pudo participar en el resto de pruebas de fondo, aunque Ziortza Isasi e Irene Usabiaga acusaron sendas caídas, pero el resto de fondistas vascas tuvieron que buscar otras alternativas. Ane Iriarte (Bizkaia) prefirió quedarse en casa, mientras que Eukene Larrarte (Gipuzkoa-Ogi Berri) no quería perderse por nada del mundo su madison, en la que defendía título, y se buscó una improvisada compañera, que había aprendido a dar relevos el jueves anterior a la prueba.

La ausencia de velocistas obliga a que muchos y muchas fondistas tengan que alinearse en las velocidades por equipos para completar los dúos o los tríos, siempre buscando la mayor presencia posible de equipos en liza. En el caso de las féminas, Eukene tuvo que hacerle la primera vuelta a Tania… y ésta le devolvió el favor en la madison.

¡Y vaya que si lo hizo! La guipuzcoana hizo un carrerón, rodando más del 80% del tiempo, pero recibiendo aire de la alavesa cuando hacía falta… aunque fue el último sprint de la velocista el que les daría el título. Inesperado pero merecidísimo.

Por cierto, dada la escasez de participantes y del ‘choque’ de intereses muchas veces entre equipos y selecciones, ¿no se podrían buscar fórmulas más flexibles y originales? Por ejemplo, poder competir en pruebas individuales como equipo y en las globales como selección, o incluso permitir equipos mixtos. Ahí lo dejo.

Y volvemos con la sismología y la geofísica para terminar. Y es que todo epicentro, en la superficie, tiene su origen en un foco en el interior de la corteza, el hipocentro. Y es precisamente este punto –bien definido geográficamente en España- el que tendríamos que buscar para que la pista tenga esa verdadera sacudida que le hace falta para revivir.

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