Liga de Pista (I): mínimo nivel deportivo, escasa participación, cinco pruebas suspendidas y el mejor cadete sin poder correr el Nacional

Melnikov, en una prueba autonómica valenciana.
Foto: Noelia Ramírez/FCCV

No deja de ser paradójico que, siendo el máximo objetivo de la Liga de Pista conseguir tres puntos para participar en el Campeonato de España, el mejor corredor de la categoría cadete, el ruso Oleg Melnikov, no pueda estar presente la semana próxima en Galapagar. Cierto que no es culpa de la Federación Española, pero es incomprensible que un ciclista afincado en España, de categoría escolar, pueda competir en todos los eventos menos en el Nacional y solamente por no ser comunitario: si fuese polaco, por ejemplo, le veríamos en el Campeonato.

Y no hablamos de él como ganador, ni vamos a referirnos como tal a los de otras categorías, porque esta Liga no se puede ni se debe entender como una Liga, valga la redundancia. Se trata de un conjunto de pruebas aisladas que, aparte del objetivo de los puntos, a lo más que podrían aspirar es a ser una preparación de cara al Nacional, pero salvo contadas excepciones -la segunda cita de Galapagar, la de Valencia y poco más- apenas han tenido el nivel deportivo mínimo exigible.

Y ello lo saben incluso los corredores. Por ejemplo, de los 64 cadetes que han participado en alguna de las finalmente once mangas disputadas, solamente los dos mejores han aparecido en cuatro pruebas, otros doce ciclistas en tres, y muchas veces obligados a repetir al no haber conseguido los puntos suficientes en alguna de sus presencias.

Hugo Sánchez, en el podio de una Liga
del año pasado. Foto Noelia Ramírez/FCCV

En juniors, habría que dar un premio a Hugo Sánchez, pero a la constancia por haber disputado siete pruebas, un caso verdaderamente excepcional. En esta categoría, encontramos a 62 ciclistas, y solamente seis -incluyendo al andaluz- han estado en tres o más pruebas.

De las 41 cadetes, tres han estado en un máximo de tres competiciones, recordando que solamente nueve mangas tuvieron presencia femenina, mientras que en el caso de las juveniles, más reseñable, desgraciadamente, es que sólo se haya visto a 22 ciclistas en todo el año, con Saioa Orgambide y Goretti Sesma como únicas en estar en tres mangas.

Nefasta calendarización

Ya nos referimos hace unas semanas a que la escasa participación, y la preocupación por sus causas, sería el titular de cualquier información sobre esta tercera Liga si primase el rigor y la autocrítica. Y no por desinterés de los ciclistas, sino por una nefasta calendarización: los corredores lo son, ante todo, de carretera y se deben a sus equipos, que les obligan a competir en la ruta, no en los velódromos, en caso de coincidencia… que es lo que ha estado pasando casi todo este año. Tan lógico como previsible.

Desde principios de febrero, la participación se ha resentido e incluso cinco de las dieciséis pruebas inicialmente previstas se han tenido que suspender, mientras que otras tres estuvieron por debajo de los 30 ciclistas como cómputo global. Y si encima los ciclistas no tienen otro tipo de alicientes, y solamente gastos propios, ¡apaga y vámonos!

Orgambide, tirando del grupo en Anoeta.

La Española se ha acostumbrado a un ‘laissez-faire’ deportivo, a no tener que invertir el tiempo y esfuerzo necesario -que no es poco- en regular los calendarios y evitar coincidencias y por eso se producen verdaderas aberraciones, y no sólo en el de pista. Cualquier persona que conozca un mínimo este deporte sabe que hay dos fechas idóneas para que los velódromos tengan actividad: en los meses invernales, de noviembre a enero, cuando no hay pruebas de ruta, y que debería centrarse en los cubiertos, y en los de verano, en aquellas regiones en las que Tráfico no autoriza las competiciones en carretera por no disponer de recursos, lo que daría una excelente ‘razón’ para usar todos esas pistas descubiertas que hay en nuestro país, y que son perfectamente aprovechables para determinadas actividades. Todo lo que sea competir fuera de esos meses, está condenado al fracaso.

Claro que mucho mejor que estar hablando del pasado de una competición que debería dejar de existir, sería hacerlo de alternativas. En España hay mucha gente que se preocupa por la pista, que ama a la pista y que, si se la escuchase, seguro que tendría mucho que aportar y no nacerían engendros como este precisamente por la falta de comunicación existente cuando se puso en marcha

De ello también hablaremos en unos días.

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