¿Por qué no existe el negocio de los récords en el ciclismo en pista?

Duplantis, en 2020. Wikimedia Commons/Bob Ramsak

Cuando Armand Duplantis batió por primera vez el récord del mundo de salto con pértiga en 2020 no podía imaginar que los aproximadamente 5.500 euros de prima que se llevó se iban a convertir en una cifra acumulada superior al millón de dólares. Y es que en estos seis años ha batido su plusmarca en catorce ocasiones más, cada una en un ‘calculado’ centímetro… y en el caso de las últimas, bonificadas con 100.000 dólares cada una, cifra pagada por World Athletics, la federación internacional de atletismo, que debe conocer bien el beneficio que le reportan este tipo de actuaciones para que abone una cantidad nada despreciable cada vez que se bata un récord del mundo -en cualquiera de las disciplinas atléticas-, algo que ‘Mondo’ también ha sabido rentabilizar.

World Athletics también fue protagonista en París 2024 con una decisión controvertida, premiar a cada uno de los ganadores olímpicos con una prima de 50.000 dólares, lo que supuso un montante de 2,4 millones de dólares. Que no saliese de sus arcas sino de sus patrocinadores es secundario. O muy importante, ya que dice mucho de su estrategia.

Pero es algo que sentó bastante mal en otras federaciones argumentando que contravenía el espíritu olímpico, aunque la verdad es que subyacía el temor de que la idea pusiera suponer un importante agujeroNi que decir tiene que la UCI fue una de las federaciones internacionales que se opuso tajantemente a seguir la medida del atletismo, aunque argumentase que el 'dinero olímpico' tenía otros destinatarios menos favorecidos. 

Richardson, en Konya. Un récord histórico... y cantado. Foto: MR

Una decisión esperada ya que como decíamos entonces, los premios por ganar un Mundial ciclista no resisten comparación con los de atletismo: 8.000 euros en las pruebas olímpicas individuales y la madison, y 5.000 en las no olímpicas.

¿Y los récords ciclistas? Como podéis imaginar, tampoco tienen ningún beneficio material para el corredor protagonista. Es más, en el caso del récord de la hora tiene unas exigencias económicas bastantes disuasorias. No hay que irse muy lejos para recordar lo ‘mosqueada’ que estaba Vittoria Bussi de tener que asumir el cronometraje oficial con una firma concreta y lo que ello le suponía a nivel de gasto, aunque al final pudo llegar a un acuerdo. Y los derechos económicos son propiedad de la UCI… aunque pocas imágenes se vieron de esa tentativa, a causa del nulo interés/capacidad de la italiana, o de otras similares.

A diferencia del atletismo, las pruebas cronometradas -es decir, las susceptibles de récord- están desapareciendo de los programas de las principales reuniones de la temporada, por lo que la obtención de récords se está circunscribiendo a eventos muy concretos e incluso en circunstancias también muy específicas en lo referido a las condiciones de altitud o geometría de los velódromos.

Sin embargo, aún hay ciclistas que se atreven a planificar una tentativa de récord específica como Jeffrey Hoogland con el kilómetro o Matt Richardson con los 200 metros, con el coste que ello supone y el escaso retorno oficial, aunque lo tengan por parte de sus patrocionadores. Y por supuesto, eventos en los que sabemos que van a caer plusmarcas mundiales como churros, como sucedió con el reciente Europeo de Konya. Entonces, ¿por qué no existe el negocio del récord en ciclismo en pista? Pregunta retórica, por supuesto.

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