He querido dejar pasar unos días para ver si se publicaba algún balance oficial o autorizado de lo que han sido las Keirin World Series. Hasta que me he dado cuenta de que ni lo había ni lo iba a haber, principalmente por la razón de que no se considera una competición como tal y, por o tanto, tampoco es susceptible de un análisis pormenorizado más allá de las cifras habituales en el keirin japonés: número de victorias logradas o ganancias. Y en este caso, una mera suposición ya que tampoco se han publicado cantidades ganadas por los seis ‘internacionales’ y hemos tenido que recurrir a una estimación bastante bien orientada -y muy trabajada- de la web europea Global Keirin.
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| Los seis 'internacionales' en la presentación oficial, en junio |
En Japón, la difusión inicial
fue muy interesante: realmente había expectación por verlos. Y se ha
mantenido un buen tono promocional, en especial con la celebración de algunos
actos protocolarios públicos previos a cada competición, buscando sobre todo la
presencia de público en los velódromos. Pero deportivamente, la repercusión ha
sido escasa. Y perfectamente comprensible desde esa filosofía del keirin
japonés, no del deporte internacional, en lo que luego incidiremos.
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| Lavreysen, en una de sus victorias |
Y si no lo estaban, tampoco
importa mucho, vistas las ganancias. Según esa magnífica aproximación de Global Keirin, Harrie Lavreysen se llevaba casi 80.000 euros; Harry Truman, algo
más de 75.000, mientras que Matthew Richardson, debido a esa pronta renuncia,
algo menos de 18.000. Entre las chicas, con esa brutal desigualdad de
género que caracteriza al keirin japonés, algo más de 26.000 para Ellesse
Andrews, casi 20.000 para Hetty Van de Wouw y algo menos de 18.000 para
Mathilde Gros.
Desde el punto de vista occidental, me hubiera gustado
ver a los mejores especialistas nipones medirse al menos una vez contra los internacionales.
En el caso de los hombres fue imposible por la dinámica del keirin japones, ya
que todas las pruebas en las que intervinieron eran de clase F1 es decir, sin
presencia de los nueve mejores pilotos de la temporada. Y en la única G3 en
la que podrían haber participado, no lo hicieron, por lo que nos quedamos con
las ganas de ver ese enfrentamiento… que no estaba previsto en las intenciones
de la JKA.
Por su parte Richardson fue la cruz. En las primeras
pruebas se le vio falto de adaptación, no sé si por el uso de desarrollos
diferentes o por el contacto físico. El caso es que su aventura japonesa
acabó mucho antes de tiempo precisamente por un ‘contacto’… aunque fue más
parecido a una agresión que a un lance del juego. El caso es que se tuvo
que volver a casa con una fractura de escápula de la que no se dijo absolutamente
nada en esos días, aunque todo el mundo sabía que su lesión no era una
minucia. Y además sin ningún torneo ganado y con un botín muy inferior al
que debería haber cosechado. No poder competir en los Juegos de la
Commonwealth fue otra consecuencia colateral de esa lesión.
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| Un acto promocional en Kokura |
Entre las féminas, Andrews rindió incluso a un nivel
superior que el del neerlandés, ya que ganó los seis torneos que disputó
-aunque uno de ellos compartido- y sólo cedió en una de las 19 carreras en que
participó. Sus compañeras se llevaron dos pruebas cada una y tan sólo una
de las carreras se quedó en Japón, la que se llevó Mina Sato en Tachikawa,
aunque todos sabemos quien es esta corredora a nivel internacional: sus dos ‘arco
iris’ no engañan.




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